lunes, 25 de septiembre de 2023

'Homo viator', de Pepe Pérez-Muelas [Reseña]

Ficha del libro 

HOMO VIATOR. El descubrimiento del mundo a través de los viajeros, la ópera prima del filólogo Pepe Pérez-Muelas, es un fascinante libro de viajes por territorios de espacio y tiempo, que nos regala una colección de relatos cortos que recuerdan a la maestría del gran Stefan Zweig, en la narración de experiencias y encuentros en lugares atemporales.

La obra comienza en los países donde nace el sol, para continuar por las cunas de las civilizaciones orientales y occidentales, tierras prometidas, infiernos de hielo y el cielo sin límite. A medida que avanzamos en la lectura, emprendemos un viaje, sin escalas, a los rincones más remotos y exóticos no ya del mundo, sino de la naturaleza humana. Al igual que el jardín de senderos que se bifurcaban en un relato de Borges —quien inaugura este libro a modo de cita—, HOMO VIATOR es lo que se suele denominar un libro de libros: un Aleph de 451 páginas, en una edición cuidada y preciosa.

Cada relato de viaje es una pequeña joya literaria que captura la esencia del lugares visitado, nos sumerge en el ambiente, los olores y colores, nos cruza referencias de la cultura clásica o la cultura popular y, como la inspirada Sherezade hizo con el cruel rey Shahriar, nos obliga a continuar con la siguiente historia

La prosa de Pepe Pérez-Muelas es exquisita. Sus descripciones son vívidas y sensoriales, haciendo que los paisajes, sus recuerdos y sus desvelos, cobren vida en las páginas del libro. Además, su habilidad para tejer una narrativa cohesiva a través de esta  colección de relatos cortos es admirable. 

HOMO VIATOR, no solo es un libro de viajes, como nos pudiera parecer en apariencia, sino también es una reflexión profunda sobre la condición humana y nuestra relación con el mundo que habitamos. Navegando en sus páginas, seremos testigos de la belleza y fragilidad de la diversidad cultural, así como de la importancia de preservarla. Aquí he de decir que la serie encadenada de relatos con protagonistas como Antonio de Ulloa, Malaspina, Mutis, Balmis, Zendal y Darwin, me dejaron absolutamente fascinado. También hay lugar en este libro un espacio para otros gigantes de la ciencia y la exploración espacial, por barrer hacia mi casa. Una maravilla detrás de otra. 

En resumen, es una obra que no solo entretiene, sino que también inspira y conmueve. Un libro imprescindible para los amantes de los viajes, la literatura, la ciencia y la belleza, que no os dejará indiferentes. Su destino es el ser un clásico. Al tiempo...

viernes, 22 de septiembre de 2023

Popeye y las espinacas



Los dibujos animados favoritos de mi infancia eran los de Mazinger Z y la Pantera Rosa, pero también recuerdo con cariño a Popeye "El Marino" y soñaba con una poción mágica como la que utilizaba él para conseguir una fuerza brutal. pero algo que supiera mejor que las insufribles espinacas que mi madre intentaba colarme con la excusa del hierro que contenían.

El mito del hierro en las espinacas proviene de un descuido en la interpretación de un estudio realizado en la década de 1930. En este estudio, se encontró cierto contenido de hierro en las espinacas, pero debido a un fallo en la calibración del equipo de medición, la cantidad de hierro fue informada de manera exagerada. Y el error se fue transmitiendo de texto en texto.

Popeye aparece en 1929. En aquella época se acababa de descubrir el importante papel que tenía el hierro en la nutrición y la relación entre la falta de hierro y la anemia, por lo que un suplemento de hierro podría ser la clave para recuperar la fuerza perdida. El error era pensar que cuanto más hierro, más fuerza, un error justificado si pensamos que en el año 1929, con el crac de la bolsa en Estados Unidos, había grandes bolsas de pobreza y se pasaba hambre, con lo que las anemias eran frecuentes.

Las medidas de la cantidad de hierro en los alimentos empezaron a realizarse a finales del siglo XIX empleando una reacción química con un compuesto llamado "tiocianato". El primero que midió el contenido de hierro de las espinacas fue el químico alemán Erich von Wolf en 1870 y se equivocó poniendo la coma: lo que eran 0,35 miligramos por cada 100 gramos acabaron siendo 3,5 miligramos por cada 100 gramos, es decir, diez veces más. Además, para asimilar el hierro necesitamos vitamina C, así que no solo tenemos que tener en cuenta el contenido de hierro, sino con qué lo comemos.

A pesar de que se corrigió este error décadas después, la idea de que las espinacas son una fuente extremadamente rica de hierro se había convertido en un mito popular. Este mito se popularizó aún más en los años siguientes a través de la cultura popular, incluyendo la famosa tira cómica de Popeye el marinero, que mostraba a Popeye comiendo espinacas para aumentar su fuerza.

Aunque las espinacas contienen hierro, no son una fuente extremadamente rica de hierro si las comparamos con otras verduras y alimentos. Además, el hierro presente en las espinacas es de un tipo que no se absorbe tan fácilmente por el cuerpo como el hierro presente en otros alimentos.

Si queremos hierro, los alimentos más ricos en este compuesto son la carne de hígado, las almejas o la levadura de cerveza. También hay legumbres ricas en hierro como las judías o los garbanzos, aunque su absorción no es tan buena debido al alto contenido en fibra que contienen.

Las espinacas son una fuente excelente de potasio, un mineral implicado en muchos procesos metabólicos, y contienen ecdisterona, una sustancia que aumenta el rendimiento en deportistas de élite. Aunque para conseguir sus efectos se necesitan más de 4 kilos de espinacas... Sobran los comentarios. :)

domingo, 17 de septiembre de 2023

'Química asombrosa' en A HOMBROS DE GIGANTES (RNE)

Hace un par semanas volví al programa de divulgación científica más longevo de la radio española. Si ya estuve en la Casa de la Radio cuando salió a la venta mi libro Del mito al laboratorio, ahora le ha tocado el turno a Química asombrosa.  Me sentí muy cómodo en esta entrevista. Manuel Seara lo hace fácil. Espero que os guste. :-)



Enlace en la web de RTVE: https://www.rtve.es/play/audios/a-hombros-de-gigantes/hombros-gigantes-vida-fisica-quimica-02-09-23/6946713/

miércoles, 13 de septiembre de 2023

Sacarina y cáncer


La sacarina es un edulcorante artificial que se utiliza diariamente en todo el mundo como sustituto del azúcar. Pero seguro que habrán escuchado en alguna ocasión alguna advertencia sobre su peligro o su carácter como cancerígeno. A veces, solo basta teclear en un navegador web la palabra “sacarina” para que el texto predictivo nos lleve a la terrible palabra “cáncer” o “cancerígena”.

El mito sobre la sacarina y su relación con el cáncer viene de un estudio realizado en ratas en la década de 1970. En el estudio, se encontró que las ratas alimentadas con grandes cantidades de sacarina desarrollaron más tumores que las ratas alimentadas con una dieta normal. Esos estudios se replicaron y se comprobó que la ingestión de grandes cantidades de sacarina en animales de experimentación producía cáncer de vejiga. 

EL PAÍS, 7 de noviembre de 1978


Sin embargo, y aunque los resultados de este estudio no se hicieron en humanos, y que los niveles de consumo de sacarina en los que se produjeron tumores en las ratas eran mucho más altos de lo que un ser humano podría consumir, las agencias de seguridad alimentaria clasificaron a la sacarina como potencialmente cancerígena. Y así se pudo ver en los etiquetados de aquellos años 70 y en los 80. 




Pero, ¿esto es así? ¿Causa cáncer la sacarina? La respuesta está en una máxima muy importante de la ciencia que dice CORRELACIÓN NO IMPLICA CAUSALIDAD (ojalá alguien ponga esta frase en una camiseta). Sí es cierto que hay una correlación entre la ingestión de sacarina y el cáncer de vejiga en ratas y ratones. Y los estudios la percibieron. Pero no se observó este efecto en los humanos. El pH de la orina de ratas y ratones es distinto al de los humanos y en ellos las grandes cantidades de sacarina formaban unos precipitados minerales que irritaban la membrana de la vejiga, producían un daño en ella, una inflamación, que hacía que en los procesos de reparación hubiera una mayor probabilidad de mutación y por tanto de cáncer.

Además, numerosos estudios realizados desde entonces han demostrado que la sacarina es segura para su uso y no causa cáncer. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) y la Agencia de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA) han evaluado la seguridad de la sacarina y han concluido que no es cancerígena.

En resumen, no hay evidencia científica sólida que respalde la afirmación de que la sacarina es cancerígena, siempre y cuando se tome con absoluta moderación. Los reguladores de alimentos y bebidas de todo el mundo consideran que la sacarina es segura para su uso y no hay evidencia de que cause cáncer en humanos. Es importante basar las decisiones sobre la seguridad de los alimentos en evidencia científica rigurosa y actualizada. 

Tampoco significa que sea inocua, porque el consumo de edulcorantes artificiales tiene efectos poco saludables de los que hablaremos otro día. Hasta entonces, el café preferiblemente sin azúcar ni edulcorantes. O vamos, lo que os guste. :)


lunes, 4 de septiembre de 2023

¿Puede matarnos una moneda que caiga desde lo alto de un rascacielos?



Seguro que alguna vez habéis escuchado la expresión «Cuidado, una moneda que cae desde un rascacielos puede matarte». Esta afirmación, aunque está aceptada como un hecho, es en realidad un mito que carece de una base científica. Vamos a explicar por qué una simple moneda, o al menos las pequeñas como los céntimos de euro, no representan un peligro mortal cuando cae desde alturas considerables. 

El mito del impacto letal

La idea de que una moneda puede convertirse en un proyectil mortal al caer desde un rascacielos se basa en la creencia errónea de que su velocidad aumenta proporcionalmente a medida que cae. Sin embargo, esto no es cierto. Para entender por qué, es comprender esencial algunos pequeños conceptos básicos de la física.

La caída libre y la resistencia del aire.

Cuando un objeto cae en la Tierra, está sujeto a dos fuerzas principales: la gravedad, que lo atrae hacia el suelo, y la resistencia del aire, que se opone a su movimiento. La resistencia del aire aumenta a medida que aumenta la velocidad del objeto. Esto significa que, a medida que cae una moneda, la resistencia del aire comienza a contrarrestar la aceleración debida a la gravedad, limitando finalmente la velocidad máxima que puede alcanzar.

Velocidad terminal

Es la clave. Cuando cae una moneda, alcanza lo que se conoce como velocidad terminal. Esto significa que llega a una velocidad constante en la que la fuerza de la gravedad y la resistencia del aire se equilibran. La velocidad terminal de una moneda es relativamente baja, ya que su pequeña masa y perfil aerodinámico limitado no permiten alcanzar velocidades extremadamente altas.

El peligro relativo

Para que una moneda cause daño significativo a una persona, debería caer a una velocidad considerable, pero esto es altamente improbable. Incluso desde un rascacielos, una moneda alcanzaría su velocidad terminal relativamente rápida y no podría causar lesiones graves. 

Comparación con otros objetos en caída libre

Si bien una moneda es poco probable que cause daño al caer desde un rascacielos, algunos objetos más grandes y pesados ​​podrían representar un peligro real si caen desde grandes alturas. Por ejemplo, herramientas, ladrillos o incluso objetos más grandes pueden alcanzar velocidades peligrosas debido a su mayor masa. 

Hasta aquí perfecto, pero ¿y una bala? Pues bien, la bala pesa el doble o triple que una moneda. Puede hacernos más daño, obviamente, pero es difícil que nos pudiera matar pero no imposible. Y digo difícil porque caería de lado con mucha probabilidad. Todo lo anterior teniendo en cuenta que es una caída vertical y no proveniente de un tiro parabólico. ¿Y el granizo? Pues si se trata de una bola grande, la velocidad terminal es relevante y puede matarnos. Algo que por desgracia ha sucedido en alguna ocasión. 


sábado, 2 de septiembre de 2023

Una pequeña reflexión sobre los libros de divulgación [Ft. Bertrand Russell]

 


Los supervivientes lectores y lectoras de esta humilde bitácora conocen mi particular admiración por la vida y obra de Bertrand Russell, al que he dedicado casi una decena de entradas (podéis encontrarlas usando el buscador del blog). 

A Russell le debo mi pasión por la lectura, a la que considero una actividad central en mi vida. Desde las primeras inscripciones en las paredes de las cavernas hasta la proliferación de libros y medios digitales en la era contemporánea, la lectura ha sido un vehículo fundamental para la transmisión de conocimiento y la expansión de la mente. Russell, con La perspectiva científica y Asimov con sus ensayos cortos fueron los que me iniciaron en la lectura, en particular, de libros de divulgación.

Uno de los aspectos que más valoro de los libros de divulgación, a lo largo de toda su historia, es su capacidad para democratizar el conocimiento. En un mundo donde la información estaba en manos de unos pocos y en la actualidad es dispersa y confusa, los libros de divulgación actúan como faros de sabiduría accesibles para todos. Al permitir que las complejidades de la ciencia, la filosofía, la historia y otros campos se presenten de manera accesible, estos libros llevan el conocimiento a la sociedad. Lo importante es, como estarás pensando, elegir bien. Obvio, pero de eso ya hemos hablado por aquí y en mil sitios más. Hoy no toca. 

La lectura de libros de divulgación no solo proporciona información, sino que también estimula el pensamiento crítico al presentar diferentes enfoques y argumentos. Los lectores son desafiados a cuestionar sus creencias y a explorar nuevas ideas.

Otro aspecto importante de la lectura de libros de divulgación es su capacidad para inspirar el interés por la exploración intelectual. Los libros de divulgación, al llevar al lector a un viaje de descubrimiento, despiertan esa curiosidad innata. Ya sea explorando los misterios del universo en un libro de astronomía o desentrañando la complejidad de la mente humana en un libro de neurociencia, la lectura de divulgación nos puede embarcar en un viaje de fascinación, emoción y diversión.

Además, la lectura de libros de divulgación puede servir como un puente entre los campos académicos y el público en general. Russell, a lo largo de su vida, abogó por la necesidad de comunicar ideas complejas de manera accesible para el público fuera de los ámbitos más académicos. Los libros de divulgación cumplen con este propósito al traducir conceptos complejos en un lenguaje comprensible y con la utilización de analogías y ejemplos cotidianos. De esta manera, amplían la audiencia interesada en el conocimiento y crean un espacio donde el público no especializado puede participar en conversaciones intelectuales de cierto nivel.

En este mundo cada vez más disparatado y complejo, repleto de información, la lectura de libros de divulgación se erige como una luz en la oscuridad, parafraseando a Carl Sagan, un faro que guía a las mentes ávidas de conocimiento hacia un horizonte más iluminado y comprensible... Solo es un deseo.