Hija de Tántalo (de quién hablaremos otro día) y Díone la pléyade, Níobe se casó con Anfión, rey de Tebas. Un matrimonio que resultó ser muy prolífico, pues algunas historias dicen que tuvo hasta siete hijos y siete hijas. Lejos de disfrutar de tan entretenida vida con tanta prole y dedicarse a lo suyo, a Níobe le gustaba vanagloriarse de su fertilidad. Sobre todo ante Leto, una diosa que fue amante de Zeus y que era madre de los gemelos Apolo y Artemisa (Diana). Las comparaciones cuantitativas y los comentarios sistemáticos enfurecieron a Leto, quién fue a quejarse a sus hijos de los desagravios y menosprecios que le propinaba la mortal Níobe en los actos sociales de la época. Apolo y su hermana Artemisa no se andaron por las ramas. Buscaron a los hijos de Níobe uno por uno y les dieron muerte con sus arcos y flechas en el palacio real de Tebas. Apolo a los varones y Artemisa a las mujeres. Algunas versiones dicen que sobrevivieron a la masacre dos hijos: Anfión (hijo) y Cloris (antes llamada Melibea).
Cuando el rey de Tebas, Anfión, presenció lo ocurrido, no pudo soportar el dolor y se quitó la vida (otras versiones dicen que fue en busca de venganza y pereció en el intento). La pobre Níobe, quedó tan afligida que sólo pudo sentarse y llorar…días y días, hasta que la final quedó convertida en piedra. Una piedra que nunca cesó de verter lágrimas de dolor. Un río, que algunos ubican en el monte Sípilo…y que brota del mismo corazón de las tinieblas.
¡Es clavadita a su padre! y el asteroide 71
El niobio (Nb) es un elemento químico de número atómico 41 situado en el grupo V de la tabla periódica de los elementos. Es un metal de transición dúctil, gris, blando y poco abundante. Se encuentra en la niobita, y se utiliza en aleaciones diversas. Se emplea principalmente para aumentar la resistencia de las aleaciones de acero.
Charles Hatchett fue un químico inglés que en 1801 creyó haber descubierto un nuevo elemento químico en una roca. Denominó al nuevo elemento “columbio”, basándose en la ciudad de Columbia (Conneticut, EEUU).
Se produjo una polémica científica en torno a su descubrimiento, en relación al tremendo parecido del nuevo elemento en cuanto a su apariencia y propiedades con otro elemento químico recientemente descubierto, el tantalio o tántalo. Se creyó durante mucho tiempo que se trataba del mismo elemento.
Heinrich Rose despejó las dudas en 1846, bastantes años después, y determinó que el columbio era similar al tántalo, pero no era idéntico. Rose propuso el nombre de niobio, con el fin de reflejar la similitud con el tántalo o tantalio en alusión a Tántalo, padre de Níobe. En Estados Unidos se siguió denominando culombio durante algunos años a este elemento químico, al contrario que en el resto del mundo, pero al final triunfó la mitología. Y definitivamente, en 1950 la IUPAC aceptó al niobio y zanjó la discusión.
En astronomía, Níobe es un asteroide que orbita en nuestro sistema solar (entre Marte y Júpiter) y que ocupa el número 71 en la lista de asteroides . Fue descubierto por Karl Theodor Robert Luther en 1861. Más información sobre este asteroide en esta página de la NASA: aquí.
Más información:
Wikipedia Libro: Mitología. Todos los mitos y leyendas del mundo. Ed. Círculo de lectores. ISBN:84-672-1262-4.
Los mitos clásicos hablan de personajes extraordinarios que han vivido en un mundo que no se corresponde con la realidad que conocemos. Un mundo habitado por dioses, animales increíbles, hombres inmortales, bellas guerreras, gigantes, sirenas, épocas y lugares imposibles.
La mitología ofrece una cosmogonía propia, una interpretación acerca de cómo funciona el universo en un espacio temporal que desafía toda lógica y sentido común. Absurdo, pero tremendamente lírico. Algunos mitos se nos muestran como respuesta a las eternas preguntas sobre el origen de la vida, o nos dicen qué hay tras la muerte o cuál es el sentido último de nuestra existencia. Otros mitos surgen con un carácter etiológico, intentando explicar todo lo que sucede en nuestro mundo terrenal, nos cuentan la causa o el origen de los fenómenos naturales: los eclipses, las estaciones climáticas, los elementos, el fuego, las mareas, los planetas, las estrellas, el universo... Por este motivo, no es de extrañar que la Ciencia haya usado a la mitología –principalmente en la nomenclatura de nuevos descubrimientos- más allá del componente meramente poético; la usa quizá porque en realidad busca lo mismo: Respuestas.
La mitología ha servido de inspiración a pintores, escultores, arquitectos, escritores y en general a todas las Artes. Y también a la Ciencia. Y de eso trata esta nueva serie que inauguro hoy en el blog: “La influencia de la mitología en la ciencia”. Una sección sin muchas pretensiones, salvo la de divertirme, aprender contándolo y recoger vuestros comentarios. No soy un experto en mitología ni siquiera un aficionado a la misma, pero intentaré ser lo más riguroso posible, tanto como lo sea la Wikipedia (hay varias versiones de cada mito, según quién las cuente o la cultura de donde provengan) y un par de libros como referencia, que utilizaré de vez en cuando. La idea de esta serie es la de presentar un personaje mitológico –normalmente de la mitología grecorromana- que haya sido utilizado por la Ciencia en su terminología específica para nombrar algún descubrimiento o fenómeno. En definitiva, dar a conocer el origen de algunos términos científicos con un toque distinto y personal.
Escucharemos grandes historias, conoceremos a esos héroes y sus hazañas, admiraremos su creatividad y su genio, contemplaremos su miseria y esplendor, reviviremos su tragedia. Y que cada uno juzgue por sí mismo la interpretación y el mensaje implícito de cada mito, ese mensaje que hizo que alguien un buen día, algún científico inquieto, se fijara en él y bautizara a su criatura en su honor.
Espero que os guste.
Sin más, comenzamos con un Titán, amigo de los mortales, que robó el fuego a los dioses para dárnoslo a nosotros, los pobres mortales.
Prometeo
Hijo de Jápeto y la ninfa del mar Clímene, Prometeo era un Titán, un poderoso dios. En griego el nombre de Prometeo significa “mirar adelante”, mientras que el de su hermano Epimeteo significa “mirar atrás”. Tras una serie de altercados con Zeus en donde nuestro mítico personaje favoreció a los mortales contrariando al gran dios de dioses y haciendo que prohibiera usar el fuego a los humanos, Prometeo escaló el monte Olimpo y robó el fuego a los dioses. Lo mantuvo ardiendo en un tallo de hinojo mientras descendía hacia el mundo terrenal, entregando a su paso su regalo a todos los hogares con los que se encontraba. Tanta fue la dispersión del fuego en las casas de los mortales, que los dioses se vieron incapaces de sofocar cada uno de ellos.
Zeus enfureció, pero esta vez no utilizó su rayo para vengarse. Fue más sutil. Ordenó a Hefesto (Vulcano), el dios herrero, que diera vida a una mujer a partir de arcilla, y la llamó Pandora.
Zeus infundió vida a Pandora y se la presentó al hermano de Prometeo, Epimeteo.
Pandora era bellísima e irresistible y Epimeteo sucumbió, se casó con ella, pese a las advertencias de Prometeo, que veía venir la venganza de Zeus. Así, el propio Zeus puso en manos de su hijo Hermes (Mercurio) una caja (o ánfora) cerrada y sellada que debía ser entregada a Epimeteo como regalo de los dioses. Hermes advirtió a Epimeteo que nunca, bajo ninguna circunstancia, abriera la caja.
Pero Pandora no pudo resistirse y creyendo que la caja contenía maravillosas joyas o algo aún mejor, la abrió pasados unos días. De la caja brotaron todas las enfermedades, dolores, miserias y tragedias para la humanidad. Pandora intentó cerrar la caja, pero sólo consiguió conservar dentro la Esperanza.
La humanidad sufrió el castigo del contenido de la caja de Pandora, y el siguiente objetivo para Zeus fue Prometeo. Además de haber robado el fuego a los dioses, Prometeo era conocedor de la profecía que daría fin al propio Zeus a través de un hijo suyo con una diosa. Y no quiso nunca desvelar el nombre de la diosa en cuestión (Tetis). Prometeo se reiteró en su negativa y Zeus pensó en arrancarle el secreto mediante otros métodos.
Encadenó a Prometeo a una de las laderas del monte Cáucaso y fue condenado a una cruel y terrible tortura: Una inmensa águila volaba por el día hasta la roca y le arrancaba el hígado a picotazos; por la noche la herida sanaba y al día siguiente la atroz visita del ave volvía a causar un indescriptible dolor a Prometeo.
Tras varias generaciones de sufrimiento, Heracles (Hércules) llegó al monte Cáucaso y abatió al águila con su arco y flechas. Prometeo quedó libre.
El Prometio, una luna de Saturno y la hija de un animal muy extraño.
A finales de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, los químicos Jacob Marinsky y Glendenin Larry, bajo la dirección de Charles Coryell, aislaron un nuevo elemento químico de nº atómico 61, mediante la fisión de uranio.
Unos años después y terminada la guerra, en 1948, y cuando ya estaban trabajando en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, propusieron el nombre de Prometio para este nuevo elemento. La idea fue de Grace Mary, esposa de Coryell. El nombre fue aceptado por la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC) en 1949. No es de extrañar la elección de ese nombre en una época en donde la energía atómica se vislumbraba como el nuevo fuego robado a los dioses.
Prometeo es también el nombre de un satélite del planeta Saturno, descubierto en 1980 por la sonda espacial Voyager I (una sonda bastante conocida para los seguidores de este blog). Orbita alrededor del planeta de los anillos a una distancia de unos 140.000 kilómetros y tiene 86 kilómetros de envergadura en su punto más ancho. La luna Prometeo está muy próxima y es muy similar a otro satélite llamado Pandora. Si recordamos otros satélites de este planeta, seguro que nos sonarán bastante. ;-) Más informaciónaquí.
Y también existe una larva que se denomina larva Prometeo, hija de una extraña criatura llamada, qué casualidad, Symbion pandora. Con casi medio milímetro de longitud y forma de botellita, fue descubierta por biólogos daneses en 1995. Tenemos una magnífica información sobre este peculiar animalillo aquí.
Más información:
Wikipedia Libro: Mitología. Todos los mitos y leyendas del mundo. Ed. Círculo de lectores. ISBN:84-672-1262-4.
Recientemente se ha publicado por Ediciones Sequitur el libro "La mirada cínica".
Esta obra recoge una antología de textos, la mayoría inéditos en España, de ese genio de la crítica y la ironía que fue el gran autor y periodista estadounidense Ambrose Bierce.
Traducido y prologado por Miguel Catalán, en esta deliciosa joya encontramos a un Ambrose Bierce en estado puro, un Ambrose pletórico de cinismo en sus escritos. Un cinismo que el propio Bierce describía como "una tendencia a exponer los hechos de forma intolerablemente precisa". O ese cinismo tal y cómo lo definió en su correspondiente entrada ensu Diccionario del diablo. De hecho el propio Diccionario del diablo se tituló en su origenThe Cynic's Word Book, algo así como "El libro de las palabras cínicas".
Pero en "La mirada cínica" hay algo más que cinismo, humor o escepticismo. La realidad que se vislumbra, tras la máscara de su ironía y -digámoslo así- mala leche, es la de un sentimiento más íntimo y profundo. Un toque de decadente melancolía, la melancolía de un pasado perdido, la melancolía de un tiempo no recuperable. Y el irreversible camino hacia la muerte...
"Cuando camines entre las tumbas de tus semejantes, hazlo con tiento; tus pies están abriendo la tuya"
"La muerte no es el final. Después todavía queda la disputa de la herencia"
Todo se comprende aún mejor si nos sumergimos en estos pasajes de la biografía de Bierce:
Bierce no solía hablar ni escribir sobre su infancia. En los raros casos en que lo hizo, dejó entrever estrecheces económicas y falta de cariño por parte de una madre, Laura Sherwood, que tuvo demasiados hijos, hasta trece, en un medio pobre y poco higiénico (...)
Cuando Ambrose tenía cuatro años, su familia se mudó a Warsaw, en Indiana, donde fue un niño solitario que frecuentaba la naturaleza y el camposanto. El único escrito de sus años escolares que pervive es una copia a mano de una lápida del cemententerio local alusiva a la niña allí enterrrada.
Por no hablar del peor dolor imaginable:
En 1888 se separa de su esposa por diferencias acumuladas a lo largo del tiempo, incluyendo celos mutuos. Un año después se suicida su hijo predilecto, Day, tras asesinar a su rival en la pelea por una mujer, y al siguiente fallece su segundo hijo, Leigh, de una neumonía.
Aunque la verdadera muestra de su espíritu se nos revela en esta carta, que un Ambrose Bierce de 71 años escribe a la esposa de su sobrino poco antes de marchar a Ciudad Juárez, en donde se unió se unió al ejército de Pancho Villa como observador.
"Querida Lora: Mañana parto para una larga temporada, de forma que esta es sólo para decir adiós. Creo que no vale la pena añadir nada más; dado lo cual esperarás, por supuesto, una larga carta. ¡Cuán intolerable sería este mundo si sólo dijéramos lo que vale la pena decir! Y no hiciéramos nunca nada estúpido, como ir a México y Suramérica. [...] ¡Que le den a la civilización! Yo prefiero las montañas y el desierto.
Adiós. Si oyes que me han puesto contra un paredón mexicano y disparado, por favor, piensa que yo lo veo como una bonita manera de partir de esta vida. Supera en mucho la vejez, la enfermedad o una caída por las escaleras de la bodega. ¡Ser gringo en México: eso sí es eutanasia!
Con cariño a Carlt, afectuosamente tuyo, Ambrose".
Nunca se supo nada más de él...
Ambrose Bierce, La mirada cínica... absolutamente recomendable.
Ya que estas cosas del fuego y las explosiones tienen cierto éxito entre los fieles lectores de este blog, lo cual no deja de inquietarme, os dejo un vídeo de esos que os gustan tanto. Estad atentos, sobre todo a partir del minuto 3:40 más o menos.
No, no ha ocurrido una explosión. Lo que hemos visto es un fuego que pasa de una fase de incendio a otra en la que la combustión afecta, de la forma tan espectacular que hemos visto, a todos los materiales del recinto. Esa transición de forma súbita y mantenida de un incendio en etapa de crecimiento a incendio totalmente desarrollado es lo que conocemos como Combustión súbita generalizada o en inglés Flashover.
El término Flashover se comenzó a usar hacia los años 70 y siempre ha estado ligado, con cierta polémica en cuanto a la descripción del fenómeno y su nomenclatura, con el de Backdraft. Otro día explicaremos las diferencias entre ambos.
Otras definiciones de este fenómeno son:
"Una transición rápida al estado donde todas las superficies de los materiales contenidos en un compartimiento se ven involucrados en un incendio".
"Etapa que ocurre en un recinto cerrado donde la radiación térmica total procedente de la pluma del incendio, gases calientes y los cerramientos del recinto, generan la ignición por radiación de todas las fuentes combustibles dentro del mismo".