jueves, 15 de julio de 2010

"Sé mucho. Sé demasiado. Soy un viejo cuántico."


"Ich weiss viel. Ich weiss zu viel. Ich bin ein Quantengreis". Estas poéticas palabras se le atribuyen (poco antes de su muerte en 1958) a uno de los padres de la Mecánica Cuántica, el genial físico Wolfgang E. Pauli.

Pauli, cuyo nombre ha pasado a la gloria de la Física por su Principio de Exclusión, fue un personaje de lo más peculiar. No se callaba, mostraba sus opiniones y críticas de forma mordaz y sin vaselina.




Sus disputas con Niels Bohr fueron épicas. A modo de ejemplo, Jeremy Bernstein recuerda en sus memorias (The Life it Brings: One Physicist's Beginnings,1987) la siguiente anécdota:


"Pauli se había comprometido en una empresa particular con su antiguo colaborador Werner Heisenberg, otro de los grandes arquitectos de la teoría cuántica. Durante un tiempo, ellos afirmaron que habían resuelto todos los problemas que quedaban por resolver en la teoría de partículas elementales; todo lo reducían a una única ecuación. Cuando mentes más tranquilas examinaron la cuestión, concluyeron que todo era una quimera. El desenlace, para Pauli, llegó en una conferencia que pronunció en la Universidad de Columbia, en la gran sala de conferencias  del Laboratorio Pupin. A pesar de que se había intentado mantener la charla en secreto, la sala estaba completamente llena. La audiencia estaba salpicada de pasados, presentes y futuros ganadores del premio Nobel, incluyendo a Niels Bohr. Una vez que Pauli había pronunciado su conferencia se le pidió a Borhr que hiciera un comentario. Entonces ocurrió allí una de las más inusuales, y a su absurda manera, más emotivas manifestaciones de las que he sido testigo. El punto básico de Bohr era que como teoría fundamental era loca, pero no lo suficientemente loca. Los grandes avances, como la relatividad y la teoría cuántica, parecen locos a primera vista -especialmente si uno ha sido educado en la física que les precedía- ; parecen violar el sentido común de un modo fundamental. Por el contrario, la teoría de Pauli era simplemente rara, una ecuación de apariencia extraña que te miraba como un jeroglífico. Pauli objetó el juicio de Bohr; él dijo que la teoría era suficientemente loca.
En este momento, estas dos figuras monumentales de la física moderna empezaron a moverse en una órbita circular conjunta alrededor de la gran mesa de conferencias. Cuando Bohr daba la cara a la audiencia desde la parte delantera de la mesa, repetía que la teoría no era suficientemente loca, y cuando era Pauli el que daba la cara al grupo, decía a su vez que sí lo era. Recuerdo que me pregunté qué pensaría de esto cualquier otra persona del mundo -el mundo de los no-físicos-. A Freeman Dyson se le pidió un comentario y se negó. Más tarde él me comentó que era como observar la "muerte de un animal noble". Fue profético. Pauli murió no muchos meses más tarde, en 1958, a los cincuenta y ocho años de edad de un cáncer no detectado previamente. Antes de ello había renunciado a la teoría de Heisenberg, como él la llamaba ahora, de la manera más ácida. Uno sólo podía preguntarse si el breve romance de Pauli con ella era una señal de que ya estaba enfermo."


La escena de la mesa y de estos dos genios de la ciencia alrededor de ella,  sugiere la inevitable analogía con el principio de exclusión: Si dos "titanes de la ciencia" tuvieran exactamente la misma "opinión", la "historia" del "progreso científico" sería nula. Sustituyamos sucesivamente los entrecomillados anteriores por "fermiones", "estado cuántico", "función de onda" y "átomo"...¡et voilà!.

Aparte de Bohr, otros extraordinarios nombres de la Física como Einstein, Landau, Heisenberg, Weisskop fueron objetivos de las críticas implacables de Pauli. Críticas, por otro lado, que bien expuestas y argumentadas son el motor que conduce a reflexiones más profundas y a la mejora de la ciencia.

De hecho, en 1945 el propio Albert Einstein, tras sufrir la embestida de Pauli sobre su teoría unificada, fue quién lo propuso para el premio Nobel por sus contribuciones a la teoría cuántica moderna. Se lo otorgaron ese mismo año.

Algunos biógrafos sugieren que el propio Pauli daba crédito a ciertos fenómenos parapsicológicos, incluso que creía que el efecto Pauli, no confundir con el principio de exclusión, era algo real. Este curioso efecto consistía en la supuesta influencia del propio Pauli en las misteriosas averías de los equipos técnicos de sus laboratorios de investigación o los que visitaba. La fama del efecto Pauli (evidentemente casual) era utilizada con sorna por su grupo de colaboradores y amigos, y no deja de ser una graciosa anécdota que hay que tomarla en un contexto meramente humorístico.


Pauli murió poco después de pronunciar las palabras con las que empieza esta entrada..."Sé mucho. Sé demasiado. Soy un viejo cuántico." 

Como paradoja final se cuenta que pasó sus últimos días en la habitación número 137 del hospital Rotkreuz de Zúrich. ¿137?, una cifra inquietante para alguien que siempre se preguntó el porqué de ese valor.


NOTA: Esta entrada forma parte de la IX Edición del Carnaval de la Física, cuyo anfitrión es en esta ocasión César, autor de Experientia docet.



Referencias:
Libro:  Eurekas y euforias”, Walter Gratzer.  ISBN: 9788484325581
Documental: "Choque de Titanes" BBC. Jim Al-Khalili.


ACTUALIZACIÓN: La traducción más afortunada para la expresión original que da título a esta entrada, y quizá la que mejor reflejaría el estado emocional de Pauli en la época en que lo dijo es:
"Ich weiss viel. Ich weiss zu viel. Ich bin ein Quantengreis"
Greis = sehr alt => Sé mucho. Sé demasiado. Soy un matusalén cuántico.

Gracias César por tu traducción.




11 comentarios:

  1. El libro de Walter Gratzer, traduce la expresión "Ich weiss viel. Ich weiss zu viel. Ich bin ein Quantengreis" como "Sé mucho. Sé demasiado.Soy una persona en su segunda infancia cuántica" . Más lírico, pero creo que no demasiado literal. He optado por "Soy un viejo cuántico" con un criterio de mis paupérrimos conocimientos de la lengua germana (podría haber optado por viejo chocho como lo traduce google, pero sinceramente no me gusta esa expresión)...si algún germano-parlante quiere dar su opinión será bienvenido.

    ResponderEliminar
  2. Me encantan las biografías de los científicos que haces Dani, como la de Évariste Galois, siempre les sacas una faceta más humana y las mejores curiosidades.

    Era un hombre muy muy perfeccionista, siempre tan exacto y buscando la perfección en cualquier cosa, sobre todo en su trabajo y el de sus colegas.

    Y el efecto Pauli es buenísimo, seguro que más de uno se opondría a su visita. Recuerdo la loca teoría de los que decían que el bosón de Higgs averiaba el LHC... El efecto Pauli aplicado al bosón de Higgs, fue algo bastante gracioso.

    ResponderEliminar
  3. Hola Dani. Es muy interesante esta entrada. Me llama mucho la atención que todos estos genios conserven siempre la lucidez hasta cuando estan a punto de morir. No tengo duda de que son seres superiores ;)

    ResponderEliminar
  4. @Cendrero: no son biografías, ojalá tuviera tiempo. Muchas gracias por tus ánimos.

    @Antonio: y sobre todo el sentido del humor. Gracias a ti también

    Y a ambos os recomiendo el libro de donde saqué la anécdota Pauli vs Bohr. “Eurekas y euforias”, de Walter Gratzer. Ed. Crítica. Está plagado de anécdotas muy divertidas de los grandes de la ciencia.

    ResponderEliminar
  5. A mi de pequeño siempre me decían que el saber no ocupa espacio, lo malo es cuando sabes muchísimo más que los demás y no te entienden. Lo malo es saber demasiado y no saber controlar toda esa información, pues uno enloquece al intentar sacar conclusiones donde otro dicen que no es posible: como la existencia de Dios, por ejemplo. Pero lo de viejo cuántico me parece una broma cuántica de alguien que desvariaba un pelín, jeje!

    Es necesario tener un rival, un igual para poder mejorarse, la competividad sana veo que es lo mejor para progresar en estos campos, aunque lo del efecto Pauli suena un poco a paranoico o a gafe!!!

    Curioso artículo, Dani, desconocía por completo a este científico, qu epor cierto murió muy joven: 1900-1958!

    ResponderEliminar
  6. Hola Alejandro, el saber no ocupa lugar, pero lo que es tiempo....

    Pauli fue galardonado con el premio Nobel por un trabajo que hizo con 24 años. La creatividad científica, dicen que va de los 20 a los 40. No sé donde lo dice, la verdad, pero es cierto en muchos casos. Y una pena que muriera tan joven, más aún cuando en los años posteriores la Mecánica Cuántica avanzó bastante.

    ResponderEliminar
  7. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  8. Greis = sehr alt => Sé mucho. Sé demasiado. Soy un matusalén cuántico.

    Véase: http://buscon.rae.es/draeI/SrvltConsulta?TIPO_BUS=3&LEMA=matusal%E9n

    Interesante artículo, Dani.

    Un cordial saludo.

    ResponderEliminar
  9. ¡Creatividad ciéntifica? Que raro me suena eso... Bueno, yo creo que las grandes genialidades salen un poco por azar, eso sí con mucho trabajo por detrás. SI que es cierto que de joven no estás tan limitado por normas y tienes una visión global de todo y uno se puede aventurar en hazañas que uno mayor consideraría asburdad. Quizás en la ciencia si, pero en lo que es la música, pintura, no hay edad!

    Jobar, con 24 años y haciendo un gran descubrimiento, vaya adolescencia de darle a los codos!

    ResponderEliminar
  10. César, has dado en el término exacto. Creo que es el reflejo más fiel a el comentario de Pauli. Y mira que los busqué y lo busqué. Muchas gracias por tu aportación y tu comentario.

    Alejandro, la ciencia, y especialmente la Física Teórica, tiene mucho de creación (con una buena preparación y talento previo, claro).

    Ya ves, con 24 años...y Poe a los 40 ya había creado su obra, o Mozart o, ...no sigo, que me entra la depre :-D

    ResponderEliminar
  11. Si era tan listo ¿Porqué se murió?

    ResponderEliminar