sábado, 8 de diciembre de 2012

Reto EPAP #21

Puede que nuestro personaje aparezca en esta foto o puede que no

Vuelven los Retos EPAP. ¿Qué personaje de la historia de la ciencia se esconde tras las siguientes pistas?:

1. Origen aristócrata.
2. Estudió con Rutherford y según parece fue testigo de una de las reacciones más importantes de la química industrial: la síntesis de amoniaco (Proceso de Haber).
3. Fue nominado en múltiples ocasiones al premio Nobel y rechazado otras tantas principalmente por motivos políticos. Al final lo consiguió.
4. Sus descubrimientos tienen importantes aplicaciones en muchos ámbitos, especialmente en medicina.
5. Utilizó sus conocimientos de química para "ocultar" a las fuerzas de ocupación nazi dos importantes objetos que le habían confiado. [Esta curiosa anécdota sirve para enseñar un poco de química general y puede ampliarse en los comentarios].

NOTA: Este reto participa en en la XX edición del Carnaval de Química organizado por @bioamara en el blog La Ciencia de Amara.

jueves, 6 de diciembre de 2012

La sinfonía del plomo



El 26 de marzo de 1827 fallecía en Viena a los 56 años de edad el compositor y director de orquesta Ludwig Van Beethoven, una de las más importantes, influentes y conocidas figuras de la historia de la música. Aunque durante los últimos años se ha insinuado (Christian Reiter, 2007) con evidencia científica discutible[1] y mucha repercusión mediática que la causa directa de su muerte fue un envenenamiento por plomo, lo cierto es que a pesar de la escasez de datos objetivos que confirmen su muerte por intoxicación aguda con este metal, sí hay pruebas reales (muestras de pelo y huesos[2]) de que Beethoven sufriera una intoxicación por exposición a plomo a lo largo de su vida y fuera éste un factor determinante que se agravó con otras patologías previas que sufría el compositor alemán.

El caso de Beethoven y su enfermedad crónica ocasionada por la intoxicación con plomo, es un clásico que se cita siempre que se estudia la toxicidad de este elemento químico y sus derivados, especialmente para explicar sus efectos en la personalidad y la conducta de quienes lo padecen o han padecido. Pero los efectos negativos para la salud provocados por la manipulación, ingestión y utilización del plomo nos acompañan desde hace miles de años.

El resto arqueológico más antiguo del que se tiene constancia son unas cuentas de collar metálicas y unos anillos encontrados en el asentamiento neolítico de Çatalhöyük, situado en la actual Turquía, y que datan del año 6.400 a.C. En estos objetos el plomo no se encontraba en su estado nativo sino fundido con otros metales[3]. De hecho, el plomo es un elemento químico que rara vez se encuentra en su estado elemental en la naturaleza, siendo su principal mena la galena (sulfuro de plomo) seguida de la cerusita o albayalde (carbonato de plomo).

Sus características de brillo, densidad, maleabilidad y resistencia a la corrosión hicieron que su uso fuera muy popular en la antigüedad, siendo empleado para múltiples aplicaciones: plomadas para la pesca o pulverizado como sombra de ojos en el antiguo Egipto, material para esculturas en la ciudad de Troya, vasos y recipientes en Mesopotamia, láminas de escritura en la Grecia de Hesíodo… Pero fueron los romanos los que desarrollaron una impresionante tecnología para la explotación a gran escala del plomo, empleándolo como recubrimiento de utensilios de bronce o cobre (vasos y ollas de cocina) o como metal constituyente de tuberías y conducciones en los acueductos. Incluso descubrieron su uso como conservante y aromatizante, siendo una práctica gastronómica habitual el cocer mosto o vino en un recipiente de plomo para obtener defrutum, carenum y sapa, las tres variedades más populares y consumidas por la clase alta de Roma.

Se han reproducido las condiciones en las que se fabricaba el sapa para analizar su contenido, obteniéndose un valor de 1.000 ppm de plomo en la bebida final. Bastaría con tomar una cucharadita de sapa al día para provocar una severa intoxicación crónica por plomo, así que no es de extrañar que algunos autores hayan propuesto una arriesgada –y probablemente equivocada- conjetura que señala a las intoxicaciones por plomo como causa de la caída del imperio romano[4].

Los efectos para la salud como consecuencia de la exposición a plomo han sido descritos desde muy antiguo. Nicandro (siglo II a.C.) describió el cólico y la parálisis que observaba en los envenenados por plomo. Clásicamente se atribuye a Hipócrates (en el 370 a.C.) como el primero en observar los síntomas en un trabajador del metal, pero al parecer no es del todo cierto (Waldron, 1978). Fue finalmente Dioscórides (siglo I d.C.) quién describió por primera vez de forma inequívoca la intoxicación por litargirio (PbO) de la siguiente manera: “El consumo de litargirio causa opresión en el estómago, el vientre e intestinos, dolorosos cólicos;… se retiene la orina mientras que el cuerpo se hincha y adquiere una fea tonalidad plomiza.”[5]

A través de la historia existen otras referencias de conocidos personajes, aparte de Beethoven, que han sido víctimas de la presencia del plomo en su trabajo. El pintor milanés Caravaggio tenía la poco higiénica costumbre de comer junto a sus lienzos y pinturas, un hecho por el que algunos autores han apuntado la posibilidad de que su muerte fuera debida a la ingestión del plomo inorgánico de los pigmentos con los que trabajaba. Un reciente análisis de los huesos de este genio del Barroco ha venido a dar más crédito a esta hipótesis[6]. Otros pintores como Vincent Van Gogh también han sido objeto de insinuación como víctimas de los óxidos de plomo, ya que lo empleaban en sus óleos, y se ha pretendido justificar ciertas conductas extravagantes o incluso violentas, como el mal carácter de Caravaggio, a causa del saturnismo que supuestamente padecían.

El plomo es un potente neurotóxico. Lo podemos encontrar a nuestro alrededor en diversas presentaciones: como plomo metal (muy peligroso cuando se funde a más de 500ºC), derivados inorgánicos (litargirio, minio, cromato de plomo, arseniato de plomo, sulfuro de plomo, etc.) y derivados orgánicos (acetato de plomo, tetraetilo de plomo, estearato de plomo, etc.). Los principales vehículos de exposición y contacto con plomo son el aire, el agua, el suelo, a través de algunos alimentos o artículos de consumo…, aunque la fuente más importante de intoxicación actualmente es la exposición laboral.

A la intoxicación por plomo se la denomina clínicamente como saturnismo o plumbosis. El término saturnismo tiene su origen la Edad Media cuando los alquimistas asociaron el plomo con Saturno, el planeta observable con el movimiento más lento, una característica que les sugería un planeta muy pesado, como lo es el plomo. Paradójicamente, el símbolo alquímico para el plomo era la guadaña de Saturno, la representación mitológica de la muerte, una correspondencia que no ha ido muy desencaminada con la historia de este metal.

La acción tóxica del plomo puede ser aguda (absorción de una dosis importante en un periodo corto de tiempo) o crónica (absorción de una dosis menor pero de forma continuada y repetida durante un largo periodo de tiempo). En la intoxicación aguda, tras la ingestión de agua o alimentos contaminados con plomo, se pueden apreciar los síntomas ya descritos desde la antigüedad: dolor abdominal, cólicos, oliguria, uremia…, hasta incluso llegar a parálisis, delirios, convulsiones debidas a la acción neurotóxica del plomo. Puede dejar secuelas neurológicas irreversibles o incluso causar la muerte.

La intoxicación crónica es más frecuente, sobre todo en el ámbito laboral e industrial. Pueden no manifestarse los síntomas hasta que ya es demasiado tarde. En una primera fase llamada presaturnismo, los afectados pueden presentar cansancio, dispepsia, insomnio, dolor muscular, alteraciones del carácter, y en algunos casos una línea azul violácea característica en las encías (ribete gingival de Burton) y que se corresponde con la acumulación de sulfuro de plomo en esa zona de la boca. Una fase posterior, ya como saturnismo, conduce a una anemia y a una agravación de los síntomas de la fase presaturnina, en especial los neurológicos: parálisis en los dedos de la mano, cefaleas, irritabilidad, hasta incluso llegar a delirios y convulsiones. En casos extremos (normalmente tras una crisis aguda) puede producirse lesiones renales irreversibles e incluso la muerte.

Las advertencias sobre los peligros del plomo, iniciadas con Dioscórides, han sido una constante recurrente hasta llegar a nuestros días. Quizá la más famosa de ellas vino de la mano de un octogenario, y siempre brillante, Benjamin Franklin, en una contundente carta de 1786 que ha pasado a la historia de la Medicina ocupacional[7]. 


Pero tuvieron que pasar muchos años, con el sufrimiento de incontables víctimas anónimas, muchas de ellas niños, hasta que se consiguió reducir o eliminar el plomo de nuestras casas, ríos, ciudades o lugares de trabajo. Algo que no ha sucedido con la misma velocidad en todos los países del mundo. Hace apenas un par de años 15.000 personas de la región china de Jiyuan tuvieron que ser desplazadas de sus hogares, muy próximos a fábricas de fundición de plomo, tras conocerse que más de 1.000 niños presentaban unos niveles de plomo en sangre tremendamente elevados. Por desgracia, queda mucho camino por recorrer.

Pocos años antes de morir, Ludwig Van Beethoven dejó escrita una carta para sus hermanos Carl y Johann. Una desgarradora epístola que ha pasado a la posteridad como el Testamento de Heiligenstadt, y cuyas palabras escritas hace 200 años, -en mi libre interpretación personal- reflejan la angustia y el lamento de todos aquellos que han sufrido injustamente las iras de Saturno alguna vez en su vida:


“Oh vosotros, hombres que me miráis y me juzgáis huraño, loco o misántropo, ¡cuán injustos habéis sido conmigo! ¡Ignoráis la oculta razón de que os aparezca así! Mi corazón y mi espíritu se mostraron inclinados desde la infancia al dulce sentimiento de la bondad, y a realizar grandes acciones he estado siempre dispuesto; pero pensad tan solo cuál es mi espantosa situación desde hace seis años, agravada por médicos sin juicio, engañado de año en año con la esperanza de un mejoramiento, y al fin abandonado a la perspectiva de un mal durable, cuya curación demanda años tal vez, cuando no sea enteramente imposible.”
                                                   --Ludwig Van Beethoven, 1812--


[1] http://www.classicstoday.com/features/WasBeethovenLead-Poisoned2008.pdf 

[2] http://www.anl.gov/Media_Center/News/2005/news051206.html 
[3] http://www.jstor.org/pss/2742674 
[4] http://penelope.uchicago.edu/~grout/encyclopaedia_romana/wine/leadpoisoning.html 
[5] http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1081502/pdf/medhist00121-0077.pdf 
[6] http://www.guardian.co.uk/artanddesign/2010/jun/16/caravaggio-italy-remains-ravenna-art 
[7] http://www.jce.divched.org/journal/Issues/1981/Mar/jceSubscriber/JCE1981p0274.pdf

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Este artículo fue publicado originalmente en el número 2 de la Revista Journal of Feelsynapsis. 
Esta entrada participa en en la XX edición del Carnaval de Química organizado por @bioamara en el blog La Ciencia de Amara.

sábado, 1 de diciembre de 2012

El valle inquietante

Metrópolis (Fritz Lang, 1927)

El valle inquietante (Uncanny valley) es una hipótesis en el campo de la robótica propuesta por Masahiro Mori que afirma que cuanto más realista es un robot más nos gusta, hasta que un realismo algo mayor nos causa una respuesta de rechazo. Un rechazo que se convierte de nuevo en aprecio si el realismo es extremo y prácticamente indistinguible. Esta imagen lo explica mejor:

Fuente

Una recomendación: En el último número de la revista Journal of Feelsynapsis (se puede ver on line desde aquí) hay un magnífico artículo de Carlos Romá (@DrLitos) que recomiendo encarecidamente. Se titula La ciencia y Prometeo: de la pluma de Mary Shelley a las fantasías futuristas de Ridley Scott. Una imprescindible lectura para cualquier momento. Por ejemplo: ahora. :-) Buen fin de semana.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Aconitina: La reina de los venenos


Medea ofrece una copa a Teseo


Personajes de la ficción literaria como Andrés Hurtado (El árbol de la ciencia de Pío Baroja) o el padre de Leopold Bloom (Ulises de James Joyce) fueron víctimas voluntarias de su efecto letal. En otros casos, como lord Arthur Saville (El crimen de lord Arthur Saville de Oscar Wilde) fue elegida por su efectividad y toxicidad, y también fue la esencia con la que Medea intentó acabar con la vida de Teseo, si nos trasladamos hacia la mitología griega. Y más recientemente, en juegos de ordenador como Assassins Creed: La Hermandad, es un bien muy apreciado de obtener para continuar con vida y seguir la partida. Quizás a estas alturas ya habrás adivinado, querido lector, a quién nos estamos refiriendo. O quizás no. Nuestra mortal protagonista de hoy es la aconitina, la reina de los venenos, un letal agente tóxico menos conocido que su consorte -el clásico y popular arsénico- pero igual de implacable en proporcionar el tránsito, ya sea voluntario o malévolamente intencionado, hacia el oscuro y frío reino de Hades. 

Pero la realidad siempre supera a la ficción y la infame historia de esta sustancia se remonta a la antigüedad. Lo que empezó como una medicina tradicional se convirtió en uno de los tóxicos más empleados como arma química casera, impregnada en puntas de flecha, añadida a depósitos de agua o incluso también fue utilizada como veneno judicial en la Edad Media. 

A mediados del siglo XV el “Consejo de los Diez” de Venecia, una organización que ejercía como policía secreta del estado, disponía de un baremo de precios para el envenenamiento de los ciudadanos “indeseables”. El valor asignado dependía de la clase social de las víctimas y de la dificultad en acceder a ellos para matarlos. Se han conservado hasta nuestros días las actas en las que hacían constar el éxito en la eliminación de dichos “indeseables” marcándolos como factum[1] en el margen de cada archivo y describiendo el veneno que había sido empleado en cada ocasión. Rey y reina, arsénico y aconitina, fueron los más empleados durante muchos años.

Pero la infame historia de la aconitina no acabó con la llegada de tiempos más civilizados. Grigori Mairanovski, también conocido como el Profesor veneno o el Menguele ruso, fue un bioquímico soviético que dirigió el Laboratorio 1 del NKDV[2], un centro de investigación toxicológica destinado al desarrollo de venenos letales y sus antídotos, desde 1938 hasta 1946. La aconitina fue empleada para la eliminación de disidentes políticos y enemigos del pueblo soviético. El sueño de Mairanovski fue el de encontrar un veneno capaz de matar a una persona sin dejar rastro alguno en el análisis forense, la leyenda dice que él mismo fue víctima de tal sueño. Pero esa es otra historia. 




La aconitina es un alcaloide diterpénico, el más activo presente en el género de plantas Aconitum, siendo la raíz de esta familia de plantas fanerógamas el lugar en el que se encuentra en mayor cantidad. En Europa la más frecuente es el Aconitum napellus también conocida simplemente como acónito.

La aconitina, como compuesto químico, es la acetilbenzoilaconina (C34H47NO11), una sustancia poco soluble en agua pero soluble en alcohol, éter, pero sobre todo en cloroformo. La vía de exposición más frecuente como veneno es la digestiva, aunque también se puede producir la intoxicación a través de las mucosas o incluso de la piel por vía dérmica. La aconitina es capaz de producir la apertura de los canales de sodio de las células nerviosas y musculares. Una dosis elevada (alrededor de 0,2-1 mg) produce una sensación de hormigueo y picor en la boca, si ha sido ingerida, que se extiende hacia toda la cara y garganta. El pobre intoxicado tiene la sensación de que su cabeza aumenta de tamaño de forma desmesurada, una sensación que seguidamente se propaga al resto de su cuerpo y extremidades. Náuseas, malestar, vértigo, calambres, arritmia y hasta fibrilación ventricular son otros de los síntomas que pueden causar finalmente la muerte si la dosis absorbida ha sido tan solo de unos 2-3 mg. El malogrado súbdito que cae en las garras de la reina de los venenos es plenamente consciente en todo momento de tales padecimientos y mantiene su lucidez durante todo el curso de la intoxicación. 



Estructura cristalina de la aconitina | Cortesía de Bernardo Herradón (IQOG-CSIC)

No hay tratamiento específico para la intoxicación por aconitina. El tratamiento, con atropina o lidocaína, se dirige solo hacia los síntomas y las posibilidades de supervivencia cuando se han absorbido dosis de 2 o 3 mg de aconitina cristalizada son muy escasas. Si a esta dosis letal tan pequeña se le une la facilidad que tiene la aconitina para hidrolizarse y descomponerse, no es de extrañar que haya sido tan estudiada y utilizada como el supuesto veneno perfecto. Toda una reina, en definitiva. Una reina que el mismísimo noble lord Arthur Saville eligió cuidadosamente para sus perversos propósitos…


«Lord Arthur se quedó muy desconcertado ante los términos técnicos empleados en los dos libros y empezaba a recriminarse por no haber prestado más atención a sus estudios en Oxford, cuando en el tomo segundo de Erskine encontró una explicación acertadisíma y muy completa de las propiedades del acónito, redactada en un inglés clarísimo. Le pareció aquél el veneno que le convenía por todos los conceptos; era muy activo, por no decir casi instantáneo; en sus efectos no causaba dolores y, tomado en forma de cápsula de gelatina, como recomendaba sir Mathew, era insípido al paladar. Por tanto, anotó en el puño de la camisa la dosis necesaria para ocasionar la muerte, devolvió los libros a su sitio y se encaminó por la calle de Saint-James hasta casa de Pestle y Humbey, los grandes farmacéuticos»
                                              El crimen de lord Arthur Saville, Oscar Wilde.




[1] Hecho, en latín.
[2] Comisariado del pueblo para asuntos internos (en ruso: Народный комиссариат внутренних дел): Un departamento encargado de la seguridad del Estado pero con una turbina historia de crímenes y represiones políticas.

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Lectura recomendada:
El crimen de lord Arthur Saville, Oscar Wilde.

Bibliografía:
Toxicología fundamental. Manuel Repetto.
Manual de Medicina legal y Toxicología. Gisbert Calabuig y Villanueva Cañadas

Este artículo fue publicado originalmente en el número 3 de la Revista Journal of Feelsynapsis.
Esta entrada participa en la XIX edición del Carnaval de Química organizado por @scariosHR en su recomendable blog LEET ME Explain.




sábado, 24 de noviembre de 2012

I am starstuff


“The nitrogen in our DNA, the calcium in our teeth, the iron in our blood, the carbon in our apple pies were made in the interiors of collapsing stars. 
We are made of starstuff
”
—
Carl Sagan