domingo, 30 de julio de 2023

La poesía de la materia


La química y la poesía nos pueden parecer dos disciplinas muy alejadas entre sí. Una es una ciencia y la otra un arte, pero tras la primera impresión, lo cierto es que ambas comparten un lugar de encuentro común. Química y poesía pueden unirse como una amalgama que nos acerca al lado más lírico de la ciencia, una destilación de sentimientos, evocaciones, belleza, matraces y cromatógrafos. Y con la música de los versos actuando como catalizador de la reacción.

Cuando se habla de los puentes entre química y poesía, siempre sale a relucir el nombre del químico teórico estadounidense Roald Hoffmann y, en particular, su poemario Los hombres y las moléculas. Su obra literaria es el ejemplo más citado cuando se habla sobre cómo la química y la poesía pueden complementarse y enriquecerse mutuamente. Hoffmann nació en 1937 en la ciudad polaca de Zólochiv, que actualmente pertenece a Ucrania, y emigró a los Estados Unidos en 1949, donde estudió química en la Universidad de Columbia. Se le conoce por sus contribuciones a la teoría de la estructura molecular y ha recibido numerosos reconocimientos por sus investigaciones científicas, destacando el Premio Nobel de Química en 1981.

En su obra, Hoffmann utiliza la poesía para explorar temas científicos, utilizando metáforas y analogías que nos ayudan a comprender la complejidad de la química. En Vino viejo, ánforas nuevas utiliza la química como una fuente de inspiración para explorar la experiencia humana. Y en sus poemas, ha utilizado el lenguaje de la química para abordar temas como el amor, la muerte y la identidad. Los versos de Hoffmann son un ejemplo de cómo la creatividad y la imaginación pueden ser fundacionales, tanto en la creación científica como en la literaria. Y nos enseña que la poesía puede ser una herramienta muy valiosa para despertar la curiosidad hacia la ciencia y convertirla en accesible y emocionante para las personas sin formación científica.

Hoffmann es un superviviente del Holocausto. Tras la ocupación alemana de su ciudad natal, toda su familia fue encerrada en un campo de concentración. Su madre y él pudieron escapar sobornando a unos guardias y permanecieron escondidos en el altillo de una escuela hasta el final de la guerra. Peor suerte tuvo su padre, que fue asesinado por los nazis cuando descubrieron su participación en un complot para armar a los prisioneros de los campos.

Otro químico y poeta que sobrevivió a la infamia de la Solución Final fue el italiano Primo Levi. Durante la Segunda Guerra Mundial, Levi se unió a un grupo de partisanos italianos que luchaban contra la ocupación nazi de su país. En 1943, fue capturado por los alemanes y enviado al campo de concentración de Auschwitz, donde pasó más de un año. Levi sobrevivió en Auschwitz gracias a sus conocimientos de química. Encontró en el laboratorio, en el que trabajaba junto a su amigo Alberto, unos cilindros de ferrocerio, que utilizó para fabricar piedras de mechero que cambiaba por comida. Lo contó en su libro El sistema periódico de esta manera: «Una piedrecita de mechero se cotizaba lo mismo que una ración de pan, es decir, valía tanto como un día de vida. Yo había robado por lo menos cuarenta cilindros, de cada uno de los cuales se podían sacar tres piedras de mechero acabadas. En total, ciento veinte piedrecitas, dos meses de vida para mí y dos para Alberto». Después de la guerra, Levi regresó a Italia y se doctoró en química en la Universidad de Turín. Durante tres décadas, compaginó su trabajo en la industria química con la escritura. En la obra de Primo Levi encontramos sus memorias, novelas, ensayos y mucha poesía.

En el enlace covalente entre poesía y química destaca también la unionense María Cegarra, una brillante poetisa que fue amiga de Miguel Hernández. Ejerció como perito químico, siendo la primera mujer en serlo en España, antes de dedicarse plenamente a la enseñanza. La evocación química en los poemas de María Cegarra alcanzan su máxima conexión en su libro Cristales míos, con versos como «Hidrocarburos que dais la vida: Sabed que se puede morir aunque sigáis reaccionando; porque no tenéis risa, ni mirada, ni voz. Sólo cadenas» o «La sonoridad de las ebulliciones y de los alambiques, es como un viento sin mar y sin molinos».

Dylan Thomas dijo en una ocasión que el mundo no vuelve a ser el mismo cuando le agregamos un buen poema. Pongamos poesía en nuestras vidas. No hay mejor química que la lírica.

[Una versión de este artículo se publicó en el diario La Verdad el día 5 de marzo de 2023]

sábado, 29 de julio de 2023

J. Robert Oppenheimer [Documental]

Otro día (o quizá no) os dejaré mi crítica sobre el reciente biopic de Oppenheimer perpetrado por Christopher Nolan, pero ahora quiero compartir con vosotros un documental de apenas 30 minutos, que comparados con las tres horas del metraje de Nolan supongo que no os supondrá un esfuerzo. Y sin necesidad de inventarse (aunque se lo inventaran antes en el libro Prometeo americano) el tema de la manzana envenenada, sin retratar —y volver a caer en el tópico— del científico 'weird', como pasó con la película de Alan Turing de hace unos años, sin ningunear a las mujeres (fueron pocas, pero las hubo) del proyecto... Bueno, me callo y aquí tenéis la recomendación (vía Veritasium). Podéis activar los subtítulos o verlo directamente en español en este enlace. 



Juzgar a Oppenheimer es muy complicado. E injusto. La sombra de la Segunda Guerra Mundial lo llevó a cruzar su brillante carrera científica con uno de los proyectos más polémicos de la humanidad: el Proyecto Manhattan. Al frente de un equipo de científicos cuyos nombres han pasado a la historia de la ciencia, Oppenheimer se embarcó en una tarea monumental y polémica para desarrollar una nueva arma, la bomba atómica.

La detonación de la primera bomba en Alamogordo, Nuevo México, el 16 de julio de 1945, marcó un punto de quiebre en su vida y en la historia. La conciencia del poder destructivo de su creación lo sumió en una profunda reflexión personal. Recordando las palabras del antiguo texto hindú, el Bhagavad Gita, expresó un sombrío temor por haberse convertido en «la Muerte, el destructor de mundos».

Conforme el mundo se enfrentaba el amargo legado de la guerra y el surgimiento de la Guerra Fría, Oppenheimer luchó con las sugerencias éticas de sus acciones. Sus sospechas y su activismo a favor del control de armas nucleares lo pusieron en un conflicto constante con los estamentos de su país, llevándolo a la sospecha y a cuestionar su lealtad.

Aunque su legado como visionario científico y defensor de la paz perdura todavía, pese a su protagonismo en la infame historia de la guerra, la década de 1950 representó un capítulo oscuro en su vida. Se vio sometido a una investigación por presuntos lazos comunistas, lo que afectó su carrera y reputación.

Su vida es un recordatorio inquietante de la ambivalencia inherente en el conocimiento científico y de los dilemas morales que acompañan los avances tecnológicos.

En el vasto lienzo cósmico de los personajes de la historia de la ciencia, J. Robert Oppenheimer fue una estrella que ardió con intensidad luminosa, pero también tuvo sus sombras. Su legado nos recuerda que debemos enfrentar el poder del conocimiento con sabiduría y responsabilidad, guiados por un firme compromiso con la humanidad y la búsqueda de un futuro de paz y comprensión en este punto azul pálido que habitamos.

Buen finde, folks.

viernes, 9 de junio de 2023

'La costumbre ensordece', de Miguel A. Delgado [Libro]

 

Ficha del libro | Enlace


La última obra de Miguel Ángel Delgado, La costumbre ensordece, es un auténtico tesoro destinado a convertirse en un éxito. Pasear por sus páginas es pasear por la vida cotidiana de un día cualquiera, desde que suena el despertador hasta que nos acostamos. Y esto, que puede parecernos intrascendente comparado con historias de civilizaciones extintas, agujeros negros o singularidades cuánticas, lo convierte precisamente en una fascinante aventura que nos descubre lo más cercano.

Una de las grandes fortalezas de esta obra radica en la originalidad y profundidad con la que el autor explora la conexión humana con la ciencia, la tecnología y la cultura. Delgado nos invita a reflexionar sobre la importancia de cada pequeño acto que conforma nuestra vida diaria, desde el sonido del despertador hasta el momento de descanso en la noche. 

Es más que destacable la habilidad de Delgado para seleccionar referencias culturales bien traídas y entrelazarlas de manera magistral en su narrativa. La prosa es fluida y evocadora, marca de la casa Delgado, capturando con acierto la esencia de cada momento de nuestro día a día. Sus descripciones, su cercanía... nos transportan a los escenarios que nos propone, permitiéndonos experimentar los sonidos, los olores y las emociones con una intensidad sorprendente.

Termina el libro con un brillante epílogo, del que me resisto a comentar nada, para no estropear el Grand Finale. Solo deciros, que tras leerlo busqué en mi biblioteca las palabras de uno de mis poetas favoritos de la segunda mitad del siglo XX (con permiso de mi amigo Luis Alberto de Cuenca). 

Y así, con Jaime Gil de Biedma y sus Noches del mes de junio cierro esta pequeña reseña de un libro que me ha encantado y perturbado.

Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
                                                                          nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.
 
Eran las noches incurables
                                                       y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.
 
Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
           o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
                                              Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.


sábado, 8 de abril de 2023

Los hechos y el amor [Respuesta de Bertrand Russell]

En 1959, el gran Bertrand Russell participó en Face to Face, un programa de entrevistas de la BBC, en el que le hicieron la siguiente pregunta: «¿Qué le diría a una generación que viviera dentro de mil años sobre la vida que usted ha vivido y las lecciones que ha aprendido?».

Y en este vídeo podéis ver su respuesta... Es impresionante ver y escuchar a Russell, su lucidez y su templanza.


Transcripción:

Me gustaría decir dos cosas, una intelectual y otra moral.

Lo intelectual que quiero decirles es la siguiente: Cuando estudien cualquier asunto o consideren cualquier filosofía, pregúntense sólo cuáles son los hechos y cuál es la verdad que los hechos confirman. Nunca se dejen desviar por lo que desean creer o por lo que piensan que tendría efectos sociales benéficos si se creyera en ello, sino que observen única y exclusivamente cuáles son los hechos. Esto es lo intelectual que quiero decir.

Lo moral que me gustaría decirles es muy simple. Les diría: El amor es sabio, el odio es tonto. En este mundo, cada vez más interconectado, tenemos que aprender a tolerarnos. Tenemos que aprender a soportar que algunas personas digan cosas que no nos gustan. Sólo así podemos vivir juntos, y si queremos vivir juntos y no morir juntos, debemos aprender un tipo de caridad y un tipo de tolerancia que son absolutamente vitales para la continuación de la vida humana en este planeta.

miércoles, 5 de abril de 2023

'Ese punto azul pálido' cumple trece años

Trece años. Y aquí seguimos. Con relativa frecuencia echo la vista atrás y repaso entradas de los primeros años de este blog, que en definitiva es una mirada al pasado, y fue una de las motivaciones para lanzarme a esta aventura. Nunca olvidaré aquella tarde de abril de 2010. 

Vértigo. Esa la sensación que me deja todo. Ha pasado el tiempo como en un suspiro, pero no me puedo quejar. Y como parte de esta tormenta de sensaciones que comparto con vosotros en cada aniversario, os traigo una novedad. 

Ayer se publicó mi nuevo libro: QUÍMICA ASOMBROSA. En él he recogido 60 sustancias químicas para contar su historia, que en definitiva, son parte de la historia de nuestro mundo. Historias que contienen reflexión e incluso humor.

Estoy muy contento con el resultado final y con todas las personas que han hecho posible el alumbramiento: Eugenio M. Fernández Aguilar, José M. López Nicolás (que además me ha regalado el prólogo), Carlos Briones y el personal de la editorial Pinolia. Gracias a todas y a todos. Y espero que os guste. Ya me contaréis. :)




Reseña de la editorial: 
La historia de la humanidad adquiere tintes inesperados al revisarla en términos científicos. De haber tenido los conocimientos químicos con los que contamos hoy, las vidas de nuestros antepasados habrían sido muy diferentes. A lo largo de un camino sembrado de empeño intelectual, felices aciertos, errores fructíferos, perseverancia y azar, hemos ido comprendiendo la estructura molecular de aquello que nos rodea. El uso que queramos darle a ese conocimiento es decisión nuestra.
Este libro se asoma a algunos casos históricos que explican de qué manera, a veces azarosa, se han dado los grandes descubrimientos en el campo de la química, quiénes han sido sus figuras más destacadas, contra qué enfermedades y tóxicos puede protegernos el saber y qué ventajas tenemos con respecto a tiempos pasados, sencillamente por saber más química.

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Entrevista en MUY INTERESANTE:  https://www.muyinteresante.es/ciencia/60049.html