martes, 22 de septiembre de 2015

La tarde en la que Darwin fue a una sesión espiritista

Shhh... No se lo digáis a nadie

Londres, 16 de enero de 1874. Aquella fría y lluviosa tarde de invierno Charles Darwin, quién quince años antes había publicado su obra cumbre El origen de las especies, acudió a la casa de su hermano Erasmus en el número 6 de Queen Anne Street, muy cerca de la plaza Cavendish y sus maravillosos jardines. ¿El motivo de su visita? Asistir a una sesión de espiritismo.

Allí le esperaban su primo Francis Galton, entusiasta defensor de la eugenesia y padre de la psicología diferencial acompañado de Mary Anne Evans, más conocida por su seudónimo George Eliot, una importante novelista de la época victoriana y conocida por traducir la Ética de Baruch Spinoza al inglés. Otros asistentes a la sesión espiritista en casa de Erasmus fueron George Henry Lewes la pareja de Eliot en aquel momento, Hensleigh Wedgwood, etimólogo y primo de Darwin, y Frederic W.H. Myers, el inventor de la palabra «telepatía» y fundador de la aún existente Sociedad para la investigación psíquica

El grupo había contratado los servicios del médium norteamericano Charles Williams, recordado por el ser el maestro de Florence Cook, la famosa médium espiritista londinense que consiguió la atención de su época y engañó a todo un grande de la química como William Crookes, que la estudió durante tres años en «condiciones de laboratorio» cuando supuestamente conseguía materializar el ectoplasma de la fallecida Katie King.

Lo que ocurrió en aquella sesión de espiritismo varía ligeramente según la fuente que se consulte, pero todo apunta a que Darwin se marchó antes de que concluyera sin ver ningún efecto espectacular o sobrenatural. De hecho, definió la experiencia como «sofocante y fatigosa». Once días después tuvo lugar otra sesión en el mismo lugar a la que no asistió él pero sí su hijo George, que ya despuntaba como un gran astrónomo, y Thomas H. Huxley también conocido como el Bulldog de Darwin por la defensa de la teoría de la evolución de su gran amigo. 

Poco después Darwin escribió a Huxley: «Aunque la sesión de espiritismo me cansó mucho, realmente mereció la pena el esfuerzo... Ahora mi mente precisaría una evidencia de gran peso para hacerme creer que no se trata de simples trucos... Me complace pensar lo que declaré anteayer a toda mi familia, que cuanto más pensaba en lo que había ocurrido en Queen Anne Street, más convencido estaba de que todo era una impostura».

Darwin fue bastante crítico con el espiritismo desde entonces, algo que le venía ya de lejos con su alejamiento de la fe religiosa a raíz de la muerte de su hija Anne con tan solo diez años de edad. Dos años después de aquella tarde lluviosa en casa de Erasmus, siguió bastaste de cerca, e incluso participó, en la primera demanda judicial a un espiritista profesional de la que se tiene constancia en Inglaterra promovida desde el mundo de la ciencia. La del catedrático de Zoología Edwin Ray Lankester contra el médium Henry Slade, un supuesto doctor este último que se dedicaba a saquear los bolsillos de los londinenses aprovechándose de la desesperación de aquellos que habían perdido a un ser querido. Cuatro años antes Slade fue desenmascarado en Nueva York y probó fortuna en Londres donde tras un periodo de éxito se las vio con Edwin Lankester. Charles Darwin se enfrentó en este caso con su apreciado colega Alfred Wallace, defensor del espiritismo y otras causas disparatadas. Tras un mediático y accidentado juicio, Slade fue condenado a tres meses de trabajos forzados que nunca cumplió.

Puede que hayan transcurrido más de cien años pero a estas alturas no hemos aprendido todavía la lección. En nuestro entorno más cercano seguimos conviviendo con aquellos charlatanes y estafadores de la época victoriana, ahora reciclados y modernizados, y la mayoría de las veces, por no decir todas, se escapan de rositas como Slade y tantos otros, dejando a su paso la frustración, el sufrimiento y los bolsillos vacíos en sus víctimas. 

«Nada hay más importante que la difusión del escepticismo o el racionalismo durante la segunda mitad de mi vida (...)» afirmaba Darwin en su Autobiografía no censurada. Sin duda, una máxima que merece la pena recordar. Palabra de Darwin. 


FUENTES:

- The Invention of Telepathy, Roger Luckhurst. Oxford University Press (2002)
- La comisión para la inmortalización, John Gray. SextoPiso (2014)
Charles Darwin y Alfred Wallace ante el espiritismo
- Autobiografía, Charles Darwin. Laetoli (2008)
- Enlaces del post: Wikipedia.org

11 comentarios:

  1. ¡Qué buena entrada Dani!
    Desconocía esta historia y me ha interesado mucho. Pierre y Marie Curie también asistieron a sesiones de espiritismo. El descubrimiento de radiaciones que "no veían" les hizo pensar que podía haber otras "radiaciones" de otra índole.
    Gracias por ofrecernos otra joyaca de las tuyas.
    Un besote,
    Laura

    ResponderEliminar
  2. Grande!
    Tantos sabios exploraron el espiritismo, incluido el mismo Cajal, que alojó en su casa a una médium para concluir q era todo un engañabobos
    Enhorabuena por un post magnífico

    ResponderEliminar
  3. Dos tíos elegantes y los dos empiezan por D: Dani y Darwin ¡Enhorabuena compañero! ;)

    ResponderEliminar
  4. Es verdad que el "racionalismo" se expande, como decía Darwin, pero lo hace lentamente y a tirones: dos pasitos adelante y uno para atrás.

    Por ejemplo, a Darwin le hubiera sorprendido saber que la teoría animista sobre el origen de la religión, de E. B. Tylor, iba a ser ignorada por gran parte de los sociólogos durante el siglo XX, a pesar de que es a todas luces la correcta y la que el propio Darwin suscribía.

    ResponderEliminar
  5. Todas las epocas han existido los vivos para engaña a la gente candida

    ResponderEliminar