lunes, 16 de diciembre de 2013

Quimiofobia: No todo es tan sencillo ni evitable



Durante las últimas semanas ha estado circulando por las redes sociales con cierto éxito este artículo sobre la quimiofobia (miedo irracional al mundo de la química y los 'químicos') del profesor de la universidad inglesa de Hull, Mark Lorch, publicado originalmente en BBC News Magazine. En este otro enlace hay una traducción un tanto penosa del post de Lorch (qué trabajo cuesta decir agentes químicos o productos químicos en vez de 'químicos')... pero en fin, es lo que hay. 

Al tema. En su artículo, Lorch apunta a que la causa de la quimiofobia radica, en cierta medida, en esa ciencia espectáculo repleta de efectos pirotécnicos y peligros que agrada a un sector de la población, especialmente al infantil y juvenil. Lorch cuenta el caso de su abuelo y sus experimentos con sodio y cómo de aquella manera se avivaba su entusiasmo por la química. El propio Lorch ha participado en estas demostraciones de explosiones y espectaculares exhibiciones del "poder" de la química, y su reflexión en tono autocrítico la deja muy clara cuando dice: "En vez de escuchar a los niños que piden más explosiones, debería haber prestado atención a la niña del final con las manos sobre las orejas" y añade "Debería haberle enseñado las maravillosas cosas que se pueden hacer con la química de forma segura". A partir de aquí Lorch pone algunos ejemplos de experimentos más light, por decirlo de alguna manera, y concluye con la anécdota de George Hevesy y la ocultación de las medallas Nobel disolviéndolas en agua regia. Los lectores más fieles del blog recordarán la historia porque salió en este reto EPAP.

No digo que Lorch no tenga razón en lo que comenta en su artículo, pero volvemos a caer en la simplificación. La quimiofobia es más compleja que todo esto. Sus causas no pueden reducirse a echar (o echarnos) la culpa por si hicimos esto o aquello mejor o peor. Que si la culpa es de los padres o de los profesores, que si los medios de comunicación son sensacionalistas, que si la abuela fuma... Excusas. Y no todo es tan sencillo.

Todo es química. La química está en todas partes. Sí, sí..., y mientras repetimos estos mantras (y yo el primero) la percepción en la calle es bien distinta. Basta con echar un vistazo a nuestro alrededor o hablar con alguien de fuera del mundillo para darse cuenta de que el mensaje no está calando. De hecho, se suele producir el efecto contrario y la gente se pone a la defensiva en cuanto hablas de las bondades de la química. ¿Es una batalla perdida como dije al final de mi última charla en Naukas Bilbao? No lo sé, y no digo que no me importe, porque sí que me importa y bastante. Lo que tengo cada vez más claro es que ni es un tema tan simple con una causa única, ni se cura solo leyendo y ni mucho menos tiene unas soluciones perfectamente definidas. 

A veces se dice que la gente teme lo que no entiende. Bueno, no es que sea un gran experto en química pese a que cuelgue un título de licenciado en mi despacho, pero si de algo entiendo -poco, pero algo- es de que los agentes químicos pueden ser muy peligrosos. Muchísimo. ¿Supone esto que tengamos que temerlos? Pues sí, por supuesto, pero en su justa medida. Con criterios racionales, con información, con control, desde varios frentes... El miedo es esa emoción que algunos especialistas de la psicología definen como «una angustiosa perturbación del ánimo por un riesgo o mal que realmente nos amenaza o fingimos en nuestra imaginación». Ambrose Bierce, a quien tengo un poco abandonado en el blog, define el miedo en su Diccionario del diablo como «Sensación de verse privado del futuro inmediato». Me quedo con Bierce porque su definición me ha recordado bastante al mensaje que se lanzó en un conocido libro de una autora nacida en Pittsburgh. Un libro que se publicó en 1962 y que tiene algo que ver en esto de la quimiofobia. Y ahora me echarán antorchas encendidas por decirlo, pero...

La quimiofobia, pese a su irracionalidad, es inevitable. Y es inevitable porque ante la posibilidad o incertidumbre de que se manifieste un daño, de jodernos el futuro inmediato, como diría el genio de Ambrose, reaccionamos con preocupación y temor. La química, entendida en su versión de toxicidad, produce pánico por la posibilidad de enfermar o morir o por el perjuicio medioambiental que pueda causar. Tenemos miedo.

Somos así. Y debemos adaptarnos. Paso a paso. Con calma. Los interesados en promocionar la quimiofobia seguirán su camino, los veletas seguirán guiados por la moda o el famoso de turno, los ciegos seguirán sin ver lo obvio y el resto iremos saltando de miedo en miedo, aguas abajo. La incertidumbre que nos aguarda a la vuelta de la esquina no debe paralizarnos. Ya lo dijo Bertrand Russell "La experiencia de superar el miedo es increíblemente deliciosa".

Como he dicho al comienzo, ni todo es tan sencillo ni es evitable. La quimiofobia nos va a acompañar durante mucho tiempo y toca convivir con ella. 

Pese a todo, y por ser un tanto optimista, tengo dos cosas claras: una tolerancia cero para los adoradores de la quimiofobia cuando va asociada a los temas de salud, ya sean los antivacunas, los vendedores de fraudes, los chiflados de lo natural vs artificial, etc., y que la confrontación beligerante (con la gente normal, que la hay) no es el camino a seguir. 

No puedo terminar esta mini ida de olla sin la recomendación de tres admirados blogueros -y mejores personas (pero eso es otra historia)- a los que considero la santísima trinidad de la educación química y son mi referente como personas y eternos luchadores, que lo son, contra la ignorancia científica y la quimiofobia. Me refiero a ese triángulo equilátero formado por Bernardo Herradón, Yanko Iruín y Jose López Nicolás. Gracias, amigos.

NOTA: Esta entrada participa en la XXX Edición del Carnaval de la Química, cuyo blog anfitrión durante este mes es el recomendable Activa tu Neurona.

8 comentarios:

  1. Joder, cómo me alegro de que hayas escrito esta entrada. Desde el primer día que constaté la lucha encarnizada por defender los productos químicos en la blogosfera científica, me dio la impresión de que pocos o ninguno de los implicados se centraba en intentar discernir o estudiar los condicionantes, las causas, que hacen que la mayoría de la gente TEMAMOS, por supuesto, me incluyo, sintamos respeto y miremos con escepticismo el posible abuso de determinadas sustancias químicas en alimentos, medicinas, etc. LA quimifobia irracional es absurda, pero obviar los peligros de una "mala química" en nuestro mundo moderno que tanto le debe a esta ciencia y en la que tanto se basa, es irresponsable y contraproducente. Creo que tu reflexión es más que necesaria, y la labor de los que mencionas, tú mismo y muchos otros, es crucial porque se centran en EXPLICAR los conceptos, sin atacar, insultar, o defender la adición de productos químicos al tuntún y sin criterio. Auqnue a veces incluso yo he dado algún toque de atención, como el que hizo Copépodo en su post donde se quejaba de que al final el mensaje parecía el contrario, como que todos los científicos nos asqueamos de comer productos sin aditivos o nos rociamos cada mañana con lluvia ácida para disfrutar.

    En fin, como siempre: hace falta más autocrítica y más puntos de vista, incluso en las luchas y defensas más racionales y necesarias. Con mesura se llega a más gente que con beligerancia, en mi honesta y humilde opinión.

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    1. Como siempre haces, Carlos, tus comentarios aportan un valor añadido imprescindible. Sobre este tema, quedo que me he quedado corto, pero la reflexión y autocrítica es necesaria.

      Muchas gracias, maestro.

      Un abrazo

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  2. "... y que la confrontación beligerante (con la gente normal, que la hay) no es el camino a seguir ... " Estoy muy de acuerdo con esto, y con el comentario de Dr. Litos de que con mesura se llega a más gente. Muchas veces (por no decir casi siempre) la beligerancia hace que muchos que no conocen el tema vean a la quimiofobia y quimiofóbicos como víctimas, dándoles un punto a favor.

    Explicar las cosas una y otra vez de manera positiva puede llegar a cansar, pero aunque sea el camino que a veces resulte más pesado, creo que es el que a la larga puede reportar mejores frutos.

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    1. Ese es el camino, Jon. Estoy de acuerdo, por supuesto.

      Eskerrik asco.

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  3. En desgranando ciencia tuvimos debate con nocturnidad y alevosía (incluyendo a Litos) y aunque no hablamos de quimifobia en particular, si que lo hicimos de como hacer llegar el mensaje de la divulgación en general y lo importante que es no producir rechazo en el mensaje.

    Muchas veces veo como un buen mensaje se pierde porque prácticamente empieza llamando tonto al que debería ser el receptor del mismo. La única forma de convencer a alguien es desde el respeto, con mimo y presentando hechos para que el mismo pueda ir sacando las conclusiones en el camino. Además, es que a la gente le gusta leer y escuchar información y opiniones que confirman su punto de vista, es algo humano, así que el trabajo de evitar la quimifobia (o ponga aquí su miedo irracional) se vuelve todavía más complicado.

    Seguid en la brecha, porque se os necesita y aunque es una batalla complicada, cada persona a la que convencéis habrá merecido la pena.

    Y muy fan del artículo de copepodo que indica DrLitos, creo que resume de maravilla la opinión de muchos blogueros sobre esta ""guerra natural-no_natural""

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    1. Donde dices "Seguid en la brecha" deberías decir "Sigamos en la brecha". No te apartes que eres un divulgador como la copa de un pino ;-)

      Gracias :-D

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    2. De acuerdo al 100% con el comentario de José M. Morales. Sólo añadiría una cosa. Y es que no debemos olvidar que aunque sepamos algo de lo que escribimos, en otros temas somos ignorantes. No debemos olvidar eso, porque así es más fácil respetar a los que no saben mucho de nuestro tema. Sería interesante pensar que todos somos ignorantes en muchos aspectos, por no decir en la mayoría. Es sólo mi opinión.

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  4. Voy a dar mi opinion acerca de donde yo creo esta el origen de la quimiofobia. Basicamente 2 cosas:

    Por un lado creo esta relacionado con la "percepcion" de que el mundo esta cada vez peor. Hay cada vez mas pobreza, mas decadencia cultural, mas guerras, mas enfermedades (se vive menos y peor). Eso es lo que percibo sienten muchas personas (yo no concuerdo). Una de las causas de esta debacle sobre todo lo en lo que se refiere a este supuesto aumento de las enfermedades que padecemos se deberia a que nos hemos alejado de la madre naturaleza tan buena y sabia ella, y nos hemos aferrado a los sucios quimicos creados por el hombre. Todos esos productos elabarodos en fabricas estan llenos de conservantes (aka quimicos aka veneno) que nos enferman. El buen tomate es rociado con pesticidas (aka quim....). Las pinturas de nuestras paredes, los plasticos de nuestros electromesticos, quimicos, quimicos everywhere. De ahi que muchas personas pugnen por una vuelta a lo NATURAL (aka un mundo sin ciencia)

    Por otro lado esta el tema de la ignorancia. Se que se ha hablado mucho de ello pero creo que no se ha dado en el clavo. Me da la impresion que muchos quimiofobicos piensan que las empresas que fabrican productos de consumo masivo pueden poner cualquier sustancia de la que sabemos pocos en sus productos cuando no es asi. Creo que mucha gente ignora cuan controlado estan los alimentos y las medicinas. No creo que muchos sepan que para una sustancia llegue a una gondola tiene que pasar numerosimos controles y que muchos paises tienen sus propias agencias y que cada una ejerce un control independiente (ademas cada pais tiene multiple universidades y tambien hacen las veces de vigilante). Salvo que haya un complot mundial o una metedura de pata gigante en gral estamos relativamente seguros. Claro, nunca se puede estar 100% seguro pero hay muchas mas chances de enfermarme por la falta de higiene en la preparacion de los alimentos a que por uno de estos "quimicos". Es bastante basico lo que dije pero mucha gente lo ignora.

    Las posibles soluciones a estos 2 problemas seria por un lado mostrar como el mundo no se esta llendo a pique sino todo lo contrario a la vez que se muestra como estas preocupaciones por la decadencia mundial existen desde hace siglos. Por otro lado habria que mostrar todos los controles por los que pasan las sustancias que se agregan a los alimentos (u otros productos de consumo masivo).

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