jueves, 4 de febrero de 2016

Una tabla periódica muy chula. [Sí, otra más]

El químico y físico británico Charles Percy Snow, conocido por su conferencia Las dos culturas, que no paramos de citar los aficionados a la divulgación, dijo una vez sobre la tabla periódica de los elementos químicos lo siguiente:
«Por primera vez vi ponerse un popurrí de hechos hasta entonces caóticos. Ante mis ojos iban encajando en ese esquema todos los embrollos, recetas y galimatías de la química inorgánica de mi infancia, como si, estando al borde de una selva, esta se transformara de pronto en un jardín holandés»

 Llevo años disfrutando cual jardín holandés con tablas periódicas de todo tipo, colores, estructura e incluso con las más frikis (véase esta entrada de @deibitbanon). 

Esta tarde, a través de un tuit del gran Clifford Pickover (@pickover) he descubierto esta chulada que quiero compartir con vosotros. ¿Y qué es lo que me ha llamado la atención de ella? Pues la sencillez y la idea de asociar a cada elemento químico una aplicación reconocible de la vida cotidiana. Que la disfrutéis :-)


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Lectura recomendada: ¡Ya estamos todos! ¿O no? de @gomobel para @Principia_io

NOTA: esta entrada participa en la LIV edición del Carnaval de Química, Edición Xenón, alojada en el recomendable blog SiempreConCiencia de @MartaI_Soria

sábado, 16 de enero de 2016

La influencia de la mitología en la ciencia (23ª Parte): Eris

[Nota inicial: Se puede consultar el resto de entregas de la serie sobre la influencia de la mitología en la ciencia desde este enlace]


Eris (pintura ateniense, c. 575-525 a. C.) | Wikipedia

Eris o Éride era la hermosa diosa de la discordia en la mitología griega. En la mitología romana su equivalencia era la diosa Discordia. Y sus opuestas eran Harmonía o Concordia, según estuviéramos en Grecia o Roma.

La historia de Eris está asociada a la guerra de Troya puesto que fue la responsable de los acontecimientos que llevaron al rapto de Helena por Paris. Años atrás, Eris asistió a la boda de Peleo y la nereida Tetis, los padres de Aquiles, que se celebró en la cueva de Quirón, en el monte Pelión. Fue una boda maravillosa y por todo lo alto a la que estaban invitados casi todos los dioses del Olimpo, al menos los más glamourosos. Todos menos Eris, que ante el agravio, se presentó sin estar invitada con el fin de liarla parda.

En pleno banquete de boda, y al igual que se hace en la actualidad con el ramo de flores, Eris lanzó a las invitadas una manzana de oro con la inscripción «Para la más bella». La pelea quedó entre las diosas Hera, Atenea y Afrodita. Todas querían ser las más guapas y se creían merecedoras de poseer la manzana de Eris, la manzana de la discordia. 

Se crearon tres bandos que discutieron acaloradamente sobre la belleza de una u otra, hasta que un hastiado Zeus pensó en llamar a alguien imparcial, por ejemplo un mortal, para que pusiera orden y actuara como juez. El elegido fue el príncipe Paris, hijo de Príamo y Hécuba, los reyes de Troya. Y el encargado de darle la buena nueva al cándido Paris fue Hermes (Mercurio), el mensajero de los dioses, que en esta ocasión fue acompañado de las tres bellas diosas en disputa. 

Paris vio venir la catástrofe, ya que eligiera a quien eligiera y dentro de la dificultad de la belleza de las tres, se buscaría problemas con los fans de las perdedoras. Unos fans que incluían dioses y demonios del inframundo. Era una decisión muy difícil y se dispuso a escuchar propuestas o promesas no muy legales, por decirlo de alguna forma. Las tres diosas en su desesperación sedujeron a Paris con darle algo a cambio de ser elegidas. Hera le prometió riqueza y poder, Atenea el don de la sabiduría y la prudencia, y Afrodita le ofreció el poder para seducir a Helena de Esparta, la que estaba considerada como mujer más bella y hermosa de la Tierra.

La elección fue rápida y clara para Paris -recordad que era un mortal y los mortales somos así- y dictaminó que la manzana de oro de Eris la merecía Afrodita. Las despreciadas diosas Hera y Atenea prometieron venganza y destrucción. Después vino lo que ya conocemos aunque sea por el cine, el rapto de Helena y la guerra de Troya.


El mayor de los enanos, arañas y una simulación galáctica

Fijaos bien en la punta de la flecha. Muestra
el movimiento de Eris en las imágenes de su
descubrimiento durante un periodo de 3 horas

En 2005 los astrónomos Michael Brown, Chad Trujillo, David L. Rabinowitz y su equipo, anunciaron el descubrimiento de un nuevo planeta, más grande incluso que Plutón -o eso se creía-, a partir de unas imágenes tomadas un par de años antes en el Observatorio del Monte Palomar con el telescopio Samuel Oschin

La historia de Eris, al que se le nombró en un principio y de forma provisional como 2003 UB2013, es de lo más curiosa. El anuncio de su descubrimiento acaparó portadas de prensa e incluso se habló de considerarlo como el décimo planeta del Sistema Solar. Sí, el décimo, porque en aquel momento nuestro siempre querido Plutón, y más aún después de las fotos de este verano, era el noveno planeta. La comparación, por no decir competición entre 2003 UB2013 (Eris) y Plutón acabó en un from lost to the river en donde ambos objetos acabaron fuera del Olimpo de los planetas y terminaron con el calificativo de «enanos». Con una polémica en el mundo de la astronomía, que todavía continúa, finalmente la IAU estableció en 2006 la definición oficial de planeta bajo estas tres condiciones que deben cumplirse en su totalidad:
1. El objeto debe estar en órbita alrededor del Sol.
2. El objeto debe ser lo bastante masivo como para que su gravedad lo haya redondeado. 
3. El objeto debe haber limpiado la vecindad de su órbita.
Ni Plutón ni el nuevo planeta cumplían el tercer requisito. El nuevo planeta estuvo a punto de llamarse Xena, como la serie de tv, pero al final se impuso el de nuestra protagonista de hoy. Algo que tiene hasta cierta lógica tras el culebrón, que todavía colea, sobre la clasificación de los planetas.




Las carcajadas de Eris, la diosa de la discordia, se escucharon más allá del cinturón de Kuiper... O eso dicen.

Actualmente podemos asegurar que Eris es el más masivo de los planetas enanos conocidos, su superficie es muy brillante y blanca, puede que no tenga atmósfera y no se descarta que haya agua en su interior. Tiene un pequeño satélite que se llama Disnomia, demonio del desorden cívil y la legalidad e hija de Eris.


«Salticidae Eris sp» de Bruce Marlin  
En zoología se conoce como Eris a un género de arañas saltarinas del tipo araneomorfas, que son aquellas que tienen sus quelíceros en diagonal, al contrario que las migalomorfas donde los quelíceros no se cruzan. Otra discordia, por lo que parece, aunque no he encontrado la referencia que confirme que se eligió el nombre por este motivo.



Y por último Eris es el nombre de una simulación por ordenador sobre la formación de la Vía Láctea, nuestra galaxia, realizada por astrofísicos del Instituto de Física Teórica de la universidad de Zúrich. Podemos ver el resultado en este vídeo:

miércoles, 13 de enero de 2016

Moselio [Propuesta de nombre para un nuevo elemento químico]

La noticia del reciente descubrimiento de cuatro nuevos elementos químicos superpesados que vienen a completar el séptimo periodo de la tabla periódica fue comentada de forma magistral por mi gran y admirado amigo Bernardo Herradón en el último programa (11/01/2016) del siempre recomendable A hombros de gigantes. Lo podéis escuchar a continuación. 



Pues bien, un poco antes del minuto nueve Bernardo rompe una lanza por que un elemento químico debería llamarse moselio, en honor a Henry Moseley. En cuanto lo he escuchado me he quedado frío como el hielo pensando en lo desconocido que sigue siendo un personaje tan importante como Moseley y la justicia que se le haría con el bautizo que propone Bernardo. Incluso me he emocionado. Me parecería un nombre infinitamente más adecuado y serio que esas propuestas que hemos leído por internet y que buscan homenajear a personajes como Terry Prattchet o Lemmy, líder del grupo Motörhead. Sí, parece coña pero no lo es, y si no os lo creéis abrid los enlaces anteriores. Pero Moseley fue mucho Moseley, con todos mis respetos para Mundodisco o Ace of Spades.



Moseley en su laboratorio

Henry Gwyn-Jeffreys Mosley (1887-1915) era hijo del famoso naturalista y amigo de Charles Darwin, Henry Nottidge Moseley, fundador de una importante escuela de zoología en Oxford y miembro de la expedición científica Challenger. Pero al final, y pese a que le apasionaba la botánica y la zoología, fue seducido por el mundo de la física. A Moseley, también alumno de Ernest Rutherford (1871-1937) en Manchester, le debemos la confirmación de la hipótesis de Van den Broek cuando descubrió el número atómico de los elementos químicos.

Con la ayuda de su amigo Charles Galton Darwin (1887-1962), nieto de Charles Darwin, y mediante el estudio de espectros de rayos X, Moseley descubrió en 1913 que había una correlación entre el número de orden de cada elemento en la tabla periódica y la frecuencia de la radiación emitida.


Primero seleccionó catorce elementos, entre el titanio y el cinc, que se encontraban en forma de secuencia continua en la tabla. Al trazar la gráfica de la frecuencia de los rayos X emitidos en función del cuadrado de un número entero, que representaba la posición de cada elemento en la tabla periódica, Moseley obtuvo una línea recta. 

Todo encajaba y ese número de orden en la tabla era una propiedad inherente de los núcleos atómicos, y por tanto, lo que distinguía a un elemento de otro no era precisamente su peso atómico sino un número entero, el número atómico. Y la tabla periódica se volvió a ordenar.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Moseley se alisto como voluntario en el cuerpo de ingenieros del Ejército británico como oficial técnico de comunicaciones. El 10 de agosto de 1915 un francotirador acabó con su vida en la península turca de Galípoli mientras telegrafiaba una orden al mando británico. Sus últimas cartas describían de forma entusiasta la flora de la península de Galípoli. Tenía veintisiete años.

Si algún lector tiene algún primo en la IUPAC que le recuerde la figura del gran Henry Moseley. ;-)

NOTA: esta entrada participa en la LIV edición del Carnaval de Química, Edición Xenón, alojada en el recomendable blog SiempreConCiencia de @MartaI_Soria

sábado, 9 de enero de 2016

Mi propuesta para #CarnavalTertuliasCiencia2016

Comienza un nuevo año y lo hace con el regreso de la iniciativa Tertulias Ciencia. Un proyecto coral que trata de crear discusiones, reflexiones y comentarios alrededor de la lectura de un libro de divulgación científica. Igual que las tertulias clásicas de toda la vida pero con la ventaja que da el mundo virtual.

Elegir un libro con los escasos pero contundentes criterios que se indican en la convocatoria no es fácil. Debe ser básicamente accesible y motivador. Podría recomendar decenas pero he elegido un libro que destaco especialmente por su amenidad, rigor y belleza. Un libro que aparentemente está dirigido a un público infantil y juvenil aunque la realidad es que se disfruta a cualquier edad. Ideal para nuevos iniciados al género de la divulgación y con ganas de abrir los ojos un poco más si cabe. Con preciosas ilustraciones del gran Dave McKean y escrito por Richard Dawkins, quien pocas veces defrauda, propongo para #CarnavalTertuliaCiencia2016 a... La magia de la realidad.


Puedes valorar este libro en la siguiente encuesta y estar atento a otros siguiendo el hashtag #CarnavalTertuliasCiencia2016 o en la web del proyecto hasta finales de mes. Anímate a participar ;-)

jueves, 31 de diciembre de 2015

Algunos libros de divulgación que he leído en 2015

Llega fin de año y con él la tradicional recopilación de algunos, solo algunos, de los libros que me han acompañado en los últimos doce meses. Y digo «algunos» porque he de confesaros que también leído manuscritos que no se han publicado de momento. Cosas de tener buenos amigos en esta comarca que llaman el mundillo. :-)

A continuación os dejo los títulos -treinta en total- con un predominio del papel sobre el ebook y acompañados de una opinión muy breve en la mayoría de ocasiones, o más extensa e incluso con reseña más sesuda en otras, pero con la única pretensión personal que la de dejar constancia de lo leído y de las sensaciones que me han dejado cada uno de estos libros. Y si os sirve u os anima a leer, bienvenido sea.
Ahí va la foto y los comentarios:




Un cometa en la coctelera (Florian Freistetter)
La conexión entre el universo y nuestra vida cotidiana. Un libro de lo más interesante y recomendable que fue considerado libro del año en Alemania. No sé que significa eso del libro del año ni me importa pero os lo recomiendo te atraiga la astronomía o no, porque a veces los misterios de las ciencias espaciales están más cerca de lo que piensas. 

Reflexiones nocturnas escuchando la Novena Sinfonía de Mahler (Lewis Thomas)
Una colección de ensayos que no te dejarán indiferente y que pese a ser antiguos plantean cuestiones que nos siguen preocupando e incluso consejos científicos. La lucidez y sensibilidad de Lewis Thomas con todos y cada uno de los temas que trata sacuden por dentro. Parecen sencillas reflexiones pero en el fondo ocultan una profundidad de análisis con apariencia suave pero contundente en el fondo. Todo un descubrimiento y espero leer más libros de este autor. La la única pega es que sus títulos no son fáciles de encontrar en las librerías. Ojalá tengáis suerte, buscadlo y leedlo. Os dejo con un pequeño aperitivo sobre lo peor que le ha ocurrido a la educación científica.

Medicina sin engaños (JM Mulet)
¿Os he dicho alguna vez que a Mulet hay leerlo sí o sí? Efectivamente, dije exactamente lo mismo en 2014 con Comer sin miedo y ahora lo ratifico. A Medicina sin engaños le dediqué una reseña más completa en febrero. Podéis volver a leerla aquí.

Microcosmos (Lynn Margulis y Dorion Sagan)
Una delicia de libro que nos sumerge en el mundo de la vida mibrobiana y su evolución. Comienza con Lewis Thomas, a quién acababa de descubrir, y que se encarga de presentarnos lo que nos vamos a encontrar en el libro. Miramos mucho al cielo buscando la inspiración o las maravillas de la naturaleza en las estrellas o los agujeros negros, pero habrá que ir mirando más a menudo con un microscopio, real o virtual, porque el mundo de los microorganismos es absolutamente espectacular. 

¿Qué pasaría si? (Randall Munroe)
Por fin llegó la recopilación de What if? con las delirantes preguntas y respuestas de los lectores de xkcd.com. Original, divertido y estimulante. Con bastante predominio de la Física, tampoco tanto como creía, pero es lo esperado en Munroe. Para todos los públicos.

El cerebro obeso (Luis Jiménez)
El dominio de la materia y el rigor del autor, más conocido en las redes sociales como @centinel5051, es abrumador. Y además ese rigor se combina perfectamente con la amenidad al leerlo. El amigo Centinel nos propone «un apasionante viaje por las disciplinas científicas relacionadas en el cerebro y la nutrición, la endocrinología, la neurología, la psicología y la psiquiatría, a la búsqueda de respuestas. ¿Cómo controla el cerebro la ingesta de energía? ¿Por qué a veces comemos sin necesitarlo? ¿Existe la adicción a los alimentos? ¿Cómo nos influye el marketing alimentario? ¿Se pueden cambiar los malos hábitos y adelgazar?»
Se puede conseguir en formato digital aquí por poco más de tres euros. No lo dudéis.

Big Bang (Simon Singh)
Me gustó bastante. Le dediqué una reseña propia.

La poesía de los números (Daniel Tammet)
Este libro recoge el testimonio biográfico de su autor y su compleja vida, por decirlo de algún modo. A Daniel Tammet se le suele etiquetar como savant, una especie de sabio . Algo que puede parecer bastante chulo a priori pero que puede ser un verdadero infierno. Interesante si te atrae conocer el tema de primera mano.

Carl Sagan (William Poundstone)
¡La mejor biografía de Sagan jamás escrita!... Pues eso, ni más ni menos. Adelante con ella.

Scared to Death: How Chemophobia Threatens Public Health (Jon Entine)
Nada nuevo bajo el sol con el tema de la quimiofobia. No digo que el libro esté mal, de hecho es un buen libro, pero los temas son bastante conocidos para los que nos interesa paricularmente este terror irracional a la química que nos rodea.

Masa crítica: cambio, caos y complejidad (Phillip Ball)
No es un libro que se lea con facilidad y solo lo recomiendo a los iniciados en las reflexiones profundas. Ball nos introduce en los supuestos paralelismos -la tesis central del libro- entre la física estadística y disciplinas humanistas como la política, las ciencias sociales o la psicología de masas. Me gustó pero reconozco que tuve que esforzarme en terminarlo por su excesiva extensión, que en el Kindle se hace eterna.

La revolución química (J.R. Bertomeu Sánchez y A. García Belmar)
Un paseo por el nacimiento de una parte de la Química, la del siglo XVIII, la de la revolución. Muy ameno y cargado, en el buen sentido, de referencias y datos. Si te gusta la historia de la química, es un must.

El universo accidental (Alan Lightman)
Corto pero intenso. Una recopilación de breves ensayos salpicados por experiencias personales del autor, físico teórico. En la línea de Lewis Thomas pero apuntando en temas como la simetría, el tiempo o la idea de divinidad. Muy bueno y altamente recomendable.

El hombre que hablaba con los delfines y otras historias de la Neurociencia (José Ramón Alonso)
Deliciosa tercera entrega de la Neurociencia como excusa. Y digo excusa, porque en realidad los libros de José Ramón Alonso nos regalan sobre todo experiencias y conocimiento a partes iguales de todos los ámbitos de la cultura tanto científica como humanística. Le dediqué unas pequeñas palabras y sorteé un ejemplar a finales de mayo en EPAP.

La comisión para la inmortalización. La ciencia y la extraña cruzada para burlar a la muerte (John Gray)
Nuestra obsesión por trascender a la muerte narrado desde el punto de vista histórico por un interesante pensador contemporáneo. No es una obra de divulgación científica al uso pero me gustó.

El secreto de Prometeo y otras historias sobre la Tabla Periódica de los elementos (Alejandro Navarro)
Gran libro. El recorrido histórico que nos ofrece Alejandro Navarro por la búsqueda de los elementos químicos es de una exquisitez contagiosa. Os lo recomiendo. Ya le he echado el ojo a una obra anterior del mismo autor, El científico que derrotó a Hitler y otros ensayos sobre la historia de la Ciencia, pero tendrá que ser en 2016.

El peligro de creer (Luis Alfonso Gámez)
Un libro que te enamora con solo acariciar su encuadernación. Y lo digo en serio. Pero lo más importante está en su interior. Admiro a Luis Alfonso Gámez, a su estilo de escritura, a su incansable labor como azote de villanos y charlatanes, admiro su trabajo y leo casi todo lo que escribe. Creo que esta es su mejor obra. Gámez no se dedica solo a desvelar el bulo, fraude o creencia tras las falsas promesas de videntes, sanadores y otros estafadores de esa calaña. No, Gámez abre la puerta y te enseña la casa, enciende la luz, te la limpia con lejía, y te regala las herramientas para sacar el polvo de las esquinas más inescrutables de nuestro cerebro primitivo. Imprescindible y mucho más que recomendable.

La Tabla Periódica (Hugh Aldersey-Williams)
Muy completo y bien contado. Merece una oportunidad aunque deja una sensación de déjà vu si eres aficionado a esta temática.

179 Inspiring and Enlighttening Inquires Into the Science of Everyday Live (Joe Schwarcz)
No está mal pero no pasa de ser una colección de preguntas y respuestas, bastante conocidas por otro lado, pero con alguna sorpresa. Agradable. Le damos un bien.

El selfie de Galileo (Carlos Elías)
El último libro de Carlos Elías está muy currado. Un ensayo sobre la tecnología que deja muy buen sabor de boca. Interesante si te atrae el tema.

Hasta el infinito y más allá (Manuel Seara Valero)
Cuando se tiene uno de los mejores programas de radio sobre ciencia y han pasado por tus micrófonos los mejores científicos y divulgadores, no es de extrañar que surga una historia tan bien contada. En este caso el gran Manuel Seara nos ofrece las claves para comprender las últimas revelaciones sobre el origen del universo. Y más allá. Un libro que me ha gustado y, aparte de bien escrito, está bastante actualizado.

El elemento del que solo hay un gramo y otras historias sobre Física, Química y sustancias asombrosas (Sergio Parra)
Magnífica colección de anécdotas de física, química, biología..., todas ellas relacionadas con elementos cotidianos o de la cultura popular más actual, incluso hay un hueco para BB-8 de Star Wars VII. Me lo he pasado en grande con este libro. Las referencias a la ciencia ficción enganchan, y lo más importante, son un refuerzo a los conocimientos científicos que nos ofrece. Muy recomendable.

Grandes mitos del cerebro (Christian Jarrett)
Más de cincuenta mitos sobre el cerebro y lo que conlleva destripados con rigor y amenidad. Algunos me han sorprendido porque yo los daba por buenos, y eso que se supone que estoy medianamente iniciado... Pues no, ojo, que nos la cuelan sin que nos demos cuenta. 

Experimentos de física y química en tiempos de crisis (Antonio Tomás Serrano y Rafael García Molina)
Lo que parece un libro dirigido a los docentes, ya que plantea cuarenta actividades prácticas de Física y Química de 4º de la ESO, se convierte en un pedazo de libro de divulgación científica pata negra. Si eres profesor de estas materias te será de una utilidad incomparable pero si no lo eres, y te gusta la ciencia experimental, lo disfrutarás igualmente. Yo he sido uno de estos últimos.

Orígenes (Carlos Briones, Alberto Fernández y José Mª Bermúdez de Castro)
¿Todavía no lo has leído? Pues ya estás tardando... Si te parezco poco convincente lee primero esto y luego ya hablamos. 

Maravillas del Sistema Solar (Brian Cox)
El libro inspirado en la serie homónima de la BBC. Si te gustó, como es mi caso, volverás a disfrutar con la pasión de Cox pero esta vez en papel.

Historia mínima del Cosmos (Manuel Toharia)
Un recorrido por el mundo de la cosmología de mano de uno de los divulgadores más reconocidos de nuestro país. Puede parecer un tema desgastado pero en mi caso no me cansa. Gran trabajo del maestro Toharia.

¿Quién robó el cerebro de JFK? (José Ramón Alonso)
De nuevo otro must read de JR Alonso. Una joya divulgativa de este gran amigo cuyo primer libro de la esperada colección Arca de Darwin (Ediciones Cálamo) he tenido el honor de reseñar para Naukas.com.

Cultiva tu memesfera (Sergio Parra)
Un libro que pone la palabra «autoayuda» en su portada hace saltar todas mis alarmas. Pero nada más lejos de la realidad porque el último libro de Sergio Parra no es un libro de autoayuda ni se asemeja en modo alguno al género. Es un libro sobre los memes, que como ya sabemos, son esas unidades teóricas de difusión cultural que se transmite entre individuos o entre sociedades. Sergio Parra nos hace una radiografía repleta de ejemplos actuales de lo que sabemos sobre ellos, citando siempre los estudios y a los estudiosos de estos temas.
La bibliografía final es impresionante y es el colofón a un libro que me ha parecido bastante interesante en su conjunto, y original en su temática, ya que era un mundo desconocido para mí.

La mirada de Einstein al universo jurídico (José Ramón Chaves)
Una genialidad. La sorpresa del año. ¿Cómo es posible que se pueda relacionar la Ciencia con el Derecho y la Justicia? Pues sí, es posible y el magistrado José Ramón Chaves lo ha hecho. Vaya por delante que por temas laborales estoy algo más que iniciado en el ámbito legislativo, pero la alegría por encontrar un texto de lo más ameno que entrelazara ciencia y leyes, es solo superada por pensar que el público al que está dirigido el libro es el de los abogados y juristas. Una buena opción, tanto si eres aficionado/profesional de la ciencia y quieres una perspectiva del Derecho como lo contrario.
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No ha sido tan solo un año donde los libros de divulgación hayan ocupado mis ratos libres, también he estado releyendo clásicos que me marcaron de pequeño, con Poe, Bradbury y Asimov en la pole position, devoré la Nueva Guía de la Ciencia Ficción de Miquel Barceló en cuanto salió a la venta, disfruté con la biografía de Oliver Sacks En movimiento y descubrí la obra teatral Oxígeno de Carl Djerassi y Roald Hoffmann, que además me inspiró esta charla para el Naukas 2015 sobre la vida y obra de Scheele.

Ah, y también he leído todos los blogs de ciencia que he podido, aunque lo de dejar comentarios como hacía en otros tiempos lo tengo abandonado... Habrá que volver a ello. 

Nada más. O nada menos.  ;-)
¡Feliz 2016! :-)))))))))))