viernes, 20 de febrero de 2015

La influencia de la mitología en la ciencia (18ª Parte): Kobold

[Nota inicial: Se puede consultar el resto de entregas de la serie sobre la influencia de la mitología en la ciencia desde este enlace]



World of Warcraft | Fuente

En la mitología germana, un kobold (o cobold) era una especie de criatura muy parecida a los duendes que todos tenemos en mente y que eran conocidos porque se colaban en las casas cuando sus dueños no estaban y se dedicaban a realizar las labores domésticas. Menudo chollo, ¿no?

Partían la leña, se encargaban del ganado, hacían la colada, planchaban la ropa y dejaban las casas como los chorros del oro. A cambio de su trabajo exigían tan solo un poco de leche y las sobras de la comida. Pero si a los propietarios se les olvidaba pagar por sus servicios, estos hasta ese momento simpáticos "amos de casa", se transformaban en diabólicos seres que se disponían a cometer fechorías en plan hooligan, como rotura de muebles, saqueo de víveres, lanzamiento de todo lo que tuvieran a mano,... ensuciando y destrozando todo a su paso. Más o menos lo que le pasaba a los Gremlins cuando se les daba de comer pasada la medianoche. 

En la Edad Media los mineros de las explotaciones sajonas de plata como la de Rammelsberg, una de las más importantes y longevas de la historia, se encontraban en ocasiones con un mineral de color azulado sin valor aparente. A este mineral le dieron el nombre de kobold, en clara alusión directa a las criaturas homónimas que ellos creían (no sé si en broma o en serio) eran las que les daban cambiazo por la plata. Además se suma el hecho de que este mineral podía contener arsénico (cobaltita, esmaltita...), una presencia que podía hacer que cayeran enfermos por intoxicación arsenical y se confirmara la oscura leyenda de los kobolds.


El cobalto fue descubierto por el químico de origen sueco Georg Brandt (1694-1768). Brandt comenzó a estudiarlo en 1730 y demostró poco después que este metal era el responsable del color en el vidrio azul. Fue un hallazgo muy importante porque hasta ese momento se pensaba que era proporcionado por el bismuto. El nuevo elemento fue bautizado por Brandt a partir de la voz alemana kobalt y según el diccionario crítico etimológico de Corominas hay constancia de la palabra cobalt en un diccionario de castellano del siglo XVIII y finalmente se aceptó el nombre de cobalto a partir de 1884.

Los compuestos de cobalto se han utilizado a lo largo de la historia de las civilizaciones (Egipto, Roma, China, etc) para su uso en cerámica y ornamentación, en particular el vidrio azul. 


Metilcobalamina
El cobalto es un elemento químico de vital importancia para la vida animal. Se encuentra en el corazón de la estructura de la vitamina B12 (también llamada cobalamina por la presencia del cobalto).

Hay diferentes formas de vitamina B12. Una de ellas, la metilcobalamina, es especialmente interesante porque el cobalto está unido directamente a un grupo metilo, lo que constituye ejemplo de enlace Metal-Carbono (lo que conocemos como compuesto organometálico) que es raro de encontrar en la naturaleza.

La carencia de esta vitamina puede producir una enfermedad llamada anemia perniciosa, en la que nuestro organismo no puede producir los suficientes glóbulos rojos para transportar todo el oxígeno que necesita. Por cierto, existe un mito muy extendido que dice que el consumo de vitamina B12 previene la resaca alcohólica o la mitiga. Es tan solo eso, un mito.

Un isótopo radiactivo sintético del cobalto, el 60Co, emite una intensa radiación gamma y se utiliza en radioterapia para el tratamiento médico de enfermedades como el cáncer pero también para la irradiación de alimentos, esterilización de equipos médicos, etc. Posee un periodo de semidesintegración de 5,27 años. 

A la mayoría de nosotros cuando escuchamos la expresión Bomba de cobalto nos viene a la cabeza el equipo de radioterapia, el que utiliza cobalto-60, pero la Bomba de cobalto, la verdadera bomba, es otra cosa. Es la historia de una bomba teórica ideada para extinguir a la humanidad, una bomba que supondría la erradicación total de toda la vida sobre la faz de la Tierra. Una creación surgida de la guerra fría y perpetrada por Leó Szilárduna de las mentes más lúcidas y geniales de la historia de la física... Pero esta historia la contaremos otro día ;-)

NOTA: Esta entrada participa en el XLIV Carnaval de Química (edición rutenio) alojado durante este mes en el recomendable blog de Melquíades del gran Guillermo Peris (@waltzing_piglet).

miércoles, 18 de febrero de 2015

'Medicina sin engaños' de J.M. Mulet [Reseña]


¿Sabes como llaman a la medicina alternativa cuando se prueba que funciona? El británico Tim Minchin se hacía esta pregunta en su archiconocido Storm, una divertida canción/poema de este excéntrico genio del humor que compartí por aquí hace ya la friolera de casi tres años. Tendrás que ver el monólogo para saber la respuesta a la pregunta. O leer el último libro de Mulet. Te recomiendo las dos cosas, pero especialmente el libro si quieres pasar un buen rato y te gustaría tener rigurosas herramientas para, llegado el caso, enfrentarte a seguidores u opinadores defensores de este grupo de terapias.

De todas las pseudociencias que nos rodean, las relacionadas con la salud están cada vez más en auge y presentan un serio peligro para los que caen en sus redes como también de forma indirecta para resto de la sociedad. No es algo nuevo, los bálsamos de Fierabrás han coexistido con la medicina desde siempre, pero sorprende especialmente el regreso al oscurantismo, la superchería disfrazada de buenrrollismo y sobre todo la pasividad de las autoridades. Pero ese es otro tema.

¿Qué nos vamos a encontrar en Medicina sin engaños que no sepamos ya o que no podamos encontrar en otros sitios? Es una pregunta que bien podría hacerse cualquier lector de este blog, al que se le presupone que tiene clara la eficacia de la medicina alternativa. Pues bien, os lo recomiendo especialmente a vosotros, queridos escépticos militantes, consumados o iniciados. En sus páginas nos encontraréis con la historia de la medicina y de las pseudoterapias (es la parte que más me ha gustado y la considero muy útil para desmontarlas), con la descripción de algunas terapias irrisorias, con un profundo análisis del porqué podemos caer en ellas, con mucha ciencia, más humor, y un decálogo final de los que merecen grabarse a fuego en plazas de los pueblos.

Me lo he pasado muy bien leyendo el libro de JM. Lo he devorado. He aprendido mucho con la información que lo inunda, muy rigurosa y contrastada, y con las anécdotas y referencias cinéfilas que siempre encontramos en sus libros. 

El humor es un excelente recurso para la denuncia de un tema como este, que en sí no tiene mucha gracia, por el sufrimiento que puede ocasionar y ha ocasionado a tantas personas. Hay casos dramáticos que también se cuentan en el libro. Y no es un libro que vaya a despertar muchas simpatías en ciertos sectores, pero lo considero necesario y por ello le agradezco sinceramente a su autor y a su editorial la valentía por publicarlo. Gracias.

Como le escuché una vez decir al propio Mulet, citando una conocida escena de la película Camino a la perdición: «Esta es la vida que llevamos, la que elegimos. Y hay una cosa segura, ninguno veremos el cielo». Tan segura como que la única medicina alternativa que funciona es... ;-)

sábado, 14 de febrero de 2015

25 años de 'Pale blue dot'

Hoy se cumplen 25 años desde que la sonda Voyager 1 tomó esta imagen a 6.000 millones de kilómetros de la Tierra.



Creo que es un buen momento, siempre lo es, para tomar perspectiva y recordar las inspiradoras palabras de Carl Sagan ante tan distante imagen de nuestro planeta, con un vídeo extraído de la reciente Cosmos: A Space Time Odyssey. Que lo disfrutéis ;-)



domingo, 8 de febrero de 2015

Lo peor que le ha ocurrido a la educación científica [Extracto de 'Ciencias y humanidades' de Lewis Thomas]



«(...) Lo peor que le ha ocurrido a la educación científica es que ha desaparecido la diversión. Un gran número de estudiantes consideran un trabajo penoso que hay que realizar de camino a la facultad de medicina. Otros miran de cerca a los estudiantes de premédica, batallando en busca de notas altas y presencia en la clase y se les pasan las ganas. Muy pocos de ellos ven a la ciencia como la grandiosa aventura que es en realidad, la exploración más enloquecida jamás emprendida por los seres humanos, la oportunidad de ver de cerca cosas que jamás han sido vistas, la más astuta maniobra para ver cómo funciona el mundo. Por el contrario, quedan desconcertados desde el principio, y llegan a creer que el desconcierto no es más que el resultado de no haber aprendido todos los datos. No se les dice, como se debiera, que todos los demás -desde el profesor en su poltrona tapizada hasta los pelotones de estudiantes doctorados que pasan las noches en los laboratorios- estamos también desconcertados. Todo paso científico adelante con aspecto de respuesta ha resultado ser, más pronto o más tarde -habitualmente pronto- una pregunta. Y el juego no ha hecho más que empezar.

La capacidad de apreciar lo que ocurre en las ciencias hoy, y todo lo que queda por explorar, debería ser una de las recompensas de la educación humanista. Debería ser un beneficio por sí misma, no algo que se adquiere en el camino hacia una carrera profesional, sino parte de la actitud mental necesaria para entrar en el tipo de siglo que nos espera a la vuelta de la esquina. Parte del equipamiento intelectual de una persona culta, sea cual sea el modo en el que emplee su tiempo, debería ser una sensación de apreciación de lo raro en la naturaleza, de las cosas inexplicables.

Y tal vez, solo tal vez, podría arraigar una nueva serie de cursos que trataran sistemáticamente la ignorancia en las ciencias. (...)» 
                                                                                     -Lewis Thomas-

____

Este fragmento corresponde a un artículo titulado "Ciencias y humanidades" recogido en el libro Reflexiones nocturnas escuchando la Novena Sinfonía de Mahler de Lewis Thomas. Un libro que acabo de leer y que me recomendó mi buen amigo @jralonso3. He recordado especialmente este fragmento tras leer esta interesante y lúcida reflexión, no sé si nocturna o diurna, de otro amigo, de @uhandrea. Gracias a los dos. 

jueves, 5 de febrero de 2015

Dogma e ignorancia [Fragmento de 'El ascenso del hombre' de Jacob Bronowski]






TRADUCCIÓN:

Se ha dicho que la ciencia deshumanizará a la gente y la convertirá en números. Esto es falso,
trágicamente falso. Compruébelo usted mismo. Este es el campo de concentración y el
crematorio de Auschwitz. Fue aquí donde la gente se convirtió en números. En este estanque
fueron esparcidas las cenizas de cuatro millones de personas. Y esto no fue obra del gas. Fue
obra de la arrogancia. Fue obra del dogma. Fue obra de la ignorancia. Cuando la gente se cree
poseedora del conocimiento absoluto, sin pruebas de la realidad, tal es su comportamiento.
Todo ello ocurre cuando los hombres aspiran al conocimiento de los dioses.

La ciencia constituye una forma de conocimiento eminentemente humana. Nos hallamos
siempre al borde de lo conocido, tratamos de adelantarnos siempre a la esperado. Todo juicio
científico se sitúa al margen del error y es personal. La ciencia es un tributo a lo que podemos
saber, pese a que somos falibles. Las palabras de Oliver Cromwell encierran una gran verdad
determinante: «Yo te suplico, por las entrañas de Cristo, que pienses en la posibilidad de estar
equivocado».

Como científico, estoy en deuda con mi amigo Leo Szilard; como ser humano, estoy en deuda
con los muchos miembros de mi familia sacrificados en Auschwitz, merced a los cuales me
encuentro ante esta cuenca como sobreviviente y testigo. Debemos curarnos del ansia de
conocimiento absoluto y de poder. Debemos acortar la distancia entre la motivación de los
impulsos y el acto humano. Debemos acercarnos más a nuestros semejantes.