lunes, 27 de marzo de 2017

La escala Schmidt del dolor por picadura



Los más viejos del lugar recordarán cuando expliqué hace unos años la escala Scoville para medir la sensación del sabor picante, pero quizá nunca hayan oído hablar de otra escala que se utiliza para clasificar el dolor producido por las picaduras de himenópteros (abejas, abejorros, avispas y hormigas).

Justin Orwell Schmidt (nacido en 1947) es un entomólogo norteamericano, que tras sus experiencias personales como sufridor de las picaduras de los insectos que estudiaba, optó por crear una escala que valorara el dolor relativo de distintas especies y describir -la sensación dolorosa- por medio de imaginativas analogías. Al contrario que la de Scoville, que al menos hace un intento por ser objetiva, la escala de Schmidt es totalmente subjetiva. Comienza en el valor cero para las picaduras que no inducen ningún dolor y a partir de ahí va creciendo hasta llegar al cuatro. Además recoge la duración del dolor.

Fuente: Compound Interest

Lo más curioso del asunto son las humorísticas descripciones de Schmidt, que nos recuerdan a los más reputados catadores de vinos y otras exquisiteces gastronómicas. Ahí van unos ejemplos (pero hay más):
1,0 - Abeja del sudor: ligero, efímero, casi afrutado. Un minúsculo chispazo ha chamuscado un único pelo de tu brazo.
1,8 - Hormiga de la acacia: un tipo de dolor extraño, punzante, elevado. Alguien ha utilizado una grapadora en tu mejilla.
2,0 - Avispa: intenso, lleno de humo, casi irreverente. Imagina que W.C. Fields apaga un cigarrillo en tu lengua. 
3,0 - Avispa del  papel: caústico y ardiente. Regusto amargo. Como verter ácido clorhídrico sobre un corte hecho con una hoja de papel.
4,0 - Hormiga bala: dolor puro, intenso, brillante. Como caminar sobre brasas ardientes con un clavo de 7 centímetros de diámetro clavado en tu tobillo. 

Justin O. Schmidt ganó en 2015 un Premio Ig Nobel, las parodias de los Premios Nobel, en la categoría de Fisiología y Entomología por su trabajo al crear la escala que lleva su nombre. No lo ganó en solitario, tuvo que compartirlo con el profesor Michael L. Smith de la Universidad de Cornell, por su trabajo con abejas a cuya picadura se sometió repetidamente en veinticinco  lugares distintos de su cuerpo con el fin de conocer qué lugares son los menos dolorosos (el cráneo, la punta de los dedos medio y parte superior del brazo) y cuáles son los más dolorosos (la ventana de la nariz, el labio superior y el tronco del pene). Todo un héroe de la ciencia.

2 comentarios:

  1. Me cuesta entender chino una picadura puede tener un dolor afrutado, salvo que se trate del dolor que causa un melón disparado a cañón...

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    1. Jajajaja. Sí, es un poco loco todo.
      Gracias por pasar, amigo

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