viernes, 8 de julio de 2016

La influencia de la mitología en la ciencia (33ª Parte): Tea

[Nota inicial: Se puede consultar el resto de entregas de la serie sobre la influencia de la mitología en la ciencia desde este enlace]

Zeus y las Titánides, Guido Reni

La Titánide Tea (o Tía), o también conocida como Eurifaesa, era una de las hijas de Urano y Gea. De su unión con su hermano Hiperión nacieron Helios, la personificación del Sol; Selene, la diosa de la Luna; y Eos, la Aurora, una hermosa diosa que abría las puertas del infierno dando paso a su hermano Helios en su carro.

A Tea se la consideraba como la diosa de la vista y del brillo luminoso del oro, la plata y otras piedras preciosas. Pero no es protagonista de ningún mito ni fue objeto de culto en la Grecia antigua. Por ese motivo su representación artística es prácticamente inexistente.

El origen de la Luna, un asteroide y unas chicharras australianas
Que Tea fuera la madre de Selene, diosa de la Luna, hizo fácil la asignación de su nombre para un protoplaneta implicado en la formación de nuestro satélite natural. Un objeto del tamaño de Marte que impactó con la Tierra hace 4.500 millones de años de forma muy violenta dando origen al nacimiento de Selene, la Luna, hija de Tea.

Impacto de Tea con la Tierra y formación de la Luna | Fuente

La Teoría del gran impacto es la más aceptada en la actualidad para explicar la formación de la Luna. La idea inicial viene de lejos y de la mano del hijo del gran Charles Darwin. El astrónomo George Darwin, famoso también por sus estudios sobre las mareas, sugirió en 1898 que la Tierra y la Luna podrían haber sido un único cuerpo en el pasado. Darwin creía que la Luna se desprendió de una Tierra giratoria incandescente primigenia por efecto de la fuerza centrífuga. Curiosamente esta teoría, que no explicaba cómo pudo llegar la Luna a su órbita, permaneció vigente hasta los años 70, donde se trató el tema en una conferencia internacional sobre satélites hasta que finalmente William K. Hartmann y Donald R. Davis plantearon la hipótesis del impacto en 1975. La denominación de Tea para el protoplaneta fue hecha por el geoquímico Alexander Halliday en el año 2000.



 
Tea es el nombre que recibe el asteroide descubierto en 1895 número 405 (no confundir con el 453, que se llama igual pero el origen de su nombre es desconocido) y también, en su denominación como Eurifaesa, el de una especie de chicharras llamada Dayus euryphaessa.


Finalmente, e inspirado de nuevo en la diosa Tea, el profesor de la universidad de Princeton N. Jeremy Kasdin propuso en este paper la construcción de un telescopio, el THEIA, Telescope for Habitable Exoplanets and Interstellar/Intergalactic Astronomy, para la búsqueda de exoplanetas como complemento al James Webb. Pero parece ser que de momento el proyecto está estancado.

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