jueves, 25 de noviembre de 2010

La influencia de la mitología en la ciencia (3ª Parte): Perseo

La astucia del héroe que evitó la mirada petrificante

Hubo una época en que las diosas y los dioses se unían libre y apasionadamente a los ingenuos mortales. Fruto de esas extrañas uniones románticas nacían unos niños especiales, seres distintos, admirables, valientes y fuertes, sublimes semidioses. Cuando crecían se convertían en héroes y heroínas.

Uno de ellos fue Perseo.
Hijo de la mortal Dánae y del promiscuo Zeus, Perseo fue engendrado mediante una original artimaña urdida por su padre. El padre de Dánae, Acrisio el rey de Argos, había encerrado a su bella hija en una torre de bronce, temeroso de una profecía que auguraba que su nieto -el hijo de Dánae- le mataría. Dánae permanecía aislada y recluida en la torre pero el hábil Zeus se manifestó en forma de lluvia de oro y accedió a Dánae, dejándola embarazada. Perseo nació en el cautiverio de su abuelo, y no fue hasta que tuvo cuatro años, cuando las risas y travesuras del pequeño le descubrieron ante Acrisio. Furioso ante este descubrimiento y traición, Acrisio ordenó construir un gran cofre de madera. Madre y niño fueron arrojados al mar y abandonados a una muerte segura.

Nadie escapa a su destino, y las profecías de los oráculos rara vez fallaban, para desgracia de Acrisio. Perseo y su madre sobrevivieron a las tormentas y tempestades, y fueron rescatados por un pescador cerca de la isla de Sérifos. El pescador, Dictis, recogió a Dánae y su hijo y los llevó a la corte de su hermano Polidectes, el rey-tirano que gobernaba en la isla. Polidectes se encaprichó apasionadamente de Dánae y la cortejó sin éxito durante años. Dánae rechazaba sistemáticamente a su pretendiente con la excusa de que sólo vivía para su hijo.

Un día, Dánae acudió a una fiesta que organizó el rey, con su hijo Perseo convertido ya en un fuerte y valeroso chicarrón. La fiesta comenzó a animarse, la bebida corría sin mesura y el rey Polidectes hizo una propuesta: pidió a los presentes que le entregasen un caballo cada uno como regalo para poder ofrecérselo a la princesa Hipodamía para conquistarla. Perseo no tenía caballo, pero animado por el exceso de vino, prometió al rey que haría cualquier cosa por complacerlo, incluso traer la cabeza de Medusa, una de las temibles gorgonas capaz de convertir a cualquier hombre en piedra con su mirada. Justo lo que Polidectes pretendía, una hazaña suicida que le despejaría el camino hacia Dánae.

A la mañana siguiente, y enviados por Zeus, Atenea (Minerva) y Hermes (Mercurio) le proporcionaron a Perseo consejos y armas para su valiente cruzada. Atenea le entregó un brillante escudo y el casco de Hades (Plutón), dios del inframundo. Un casco que otorgaba invisibilidad a quién lo llevara puesto. Hermes le regaló una espada curvada en forma de hoz y unas sandalias aladas. Para encontrar el escondite de Medusa, Perseo fue en busca de las Grayas, tres horribles ancianas que compartían un mismo ojo y un mismo diente, pasándoselos una a la otra alegremente. Perseo les arrebató el ojo y el diente, imponiéndoles la condición de que le revelaran dónde podía encontrar a Medusa. Las Grayas no tuvieron otra opción que mostrarle el camino a Perseo.
Una vez en la residencia de las gorgonas, Perseo utilizó su casco de invisibilidad y el escudo reflectante para buscar a Medusa de forma indirecta, mirando su reflejo mientras se acercaba a ella. El cabello sinuoso de Medusa se contorsionó al percibir su presencia, pero ella no veía a nadie a quién atacar. Perseo cortó la cabeza de Medusa con su espada evitando su mirada. Introdujo la aún caliente cabeza en su bolsa y salió de aquella morada a toda prisa -utilizando sus sandalias aladas- perseguido por las furiosas hermanas de Medusa. De la sangre que brotaba de la cabeza decapitada de Medusa nacieron el caballo alado Pegaso y el gigante Crisaor.

Durante su viaje de regreso, Perseo se encontró con el titán Atlas que le entorpeció el camino. Al ver que Atlas no le permitía seguir, le mostró la terrible cabeza de Medusa que aún mantenía su poder. Atlas quedó transformado en una enorme cordillera de montañas, que hasta el día de hoy sostienen al cielo con sus cumbres.

Perseo siguió volando, atravesando el océano, hasta que encontró encadenada a una roca a una bellísima joven totalmente desnuda. Herida en brazos y piernas, la indefensa chica estaba a punto de ser devorada por Ceto, un gigante y terrible monstruo marino, hijo de Gea y Ponto. Perseo descendió a toda velocidad desde el cielo y atacó a Ceto en una lucha sin cuartel que se zanjó de nuevo con el arma secreta de Perseo, la cabeza de Medusa.

Una relación que empieza así, no puede terminar más que en matrimonio. La aliviada rescatada de la muerte era Andrómeda, hija del rey Cefeo y de la reina Casiopea. Al igual que Níobe, Andrómeda y su madre habían osado equipararse en belleza a las Nereidas, las ninfas del mar y encontraron la cruel ira de Poseidón. La única manera de calmar al dios del mar y que no destruyera su reino era ofreciendo a Andrómeda en sacrificio al monstruo Ceto.

Al final, Poseidón perdonó a Casiopea y le regaló una constelación en el cielo próxima a la constelación de Cefeo.

Tras resolver algunos malentendidos con el tío de Andrómeda y vengarse de Polidectes (utilizando de nuevo la dichosa cabecita de Medusa), Perseo y Andrómeda se casaron, fueron felices, y tuvieron seis hijos: Perses, Alceo, Heleo, Méstor, Esténelo, Electrión, y una hija llamada Gorgófone.

A su muerte, Perseo y Andrómeda recibieron por los dioses sendas constelaciones en su honor, con la inquietante presencia de la estrella Algol, que brilla de forma variable evocando al mortífero ojo de Medusa.


Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia

Las míticas hazañas de Perseo fueron muy populares entre los antiguos griegos, los cuales llenaron el cielo de
constelaciones que representaban a muchos de los personajes que hemos citado en esta mítica historia.



La constelación de Perseo representa a nuestro héroe y sus armas: el casco de Hades, el escudo de Atenea, y la espada en forma de hoz. Perseo porta en su mano la cabeza de Medusa, cuyo ojo corresponde a la estrella Algol también llamada Beta Persei.

Una estrella variable que cada 68 horas aproximadamente pierde de forma instatánea casi todo su brillo, el cual recobra al cabo de unas cinco horas.

En el esquema celeste, Perseo o Perseus se incluye en el conjunto que engloba a otras constelaciones con nombres como Cefeo, Casiopea, Andrómeda, el caballo alado Pegaso y el monstruo Cetus. Todo queda en casa.

Pero en esta constelación podemos encontrar algo más lírico. Podemos incluso hablar de lágrimas. Me estoy refiriendo a las Perseidas o Lágrimas de San Lorenzo, una popular lluvia de meteoros o meteroides que todos los que vivimos en el hemisferio norte hemos observado alguna vez durante las noches de verano. Las lluvias de meteroides se denominan con el nombre de la constelación en donde se encuentra el radiante y tienen la particulariedad de que se repiten anualmente durante un período de tiempo concreto. El radiante de las Perseidas se halla localizado en la constelación de Perseo y Casiopea. El origen de las Perseidas o progenitor es el cometa 109P/Swift-Tuttle. Cuando este cometa, cuya órbita elíptica está en resonancia 1:11 con la del planeta Júpiter, pasa por el exterior del Sistema Solar, la interacción con el viento solar hace que su superficie se active. Los gases y materiales de la superficie del cometa salen despedidos al espacio, y pasan a orbitar al Sol en órbitas muy similares a las de su cometa de origen. Se forma lo que se denomina anillo de partículas o enjambre de meteoros. Cuando la órbita terrestre cruza los enjambres de cometas de periodo corto, se producen las lluvias de meteoros.

Uno de los primeros mártires del catolicismo fue San Lorenzo, uno de los siete diáconos de Roma que acabó sus días de forma terrible abrasado en una parrilla de fuego. La tradición dice que en medio de su letal condena, mientras se consumía su carne en el hierro candente exclamó: "Assum est, inqüit, versa et manduca" (¡Dadme la vuelta, que por este lado ya estoy hecho!)

En la Edad Media y el Renacimiento la lluvia de las Perseidas tenía lugar con mayor esplendor la noche de la festividad del 10 agosto, en la que se recordaba y veneraba a este irónico santo, de tal manera que se asociaron con las lágrimas que vertió el propio San Lorenzo cuando fue martirizado. 

Cada verano que pasa, cuando observamos en una despejada noche las maravillosas Perseidas, ya sean como lágrimas de dolor o lágrimas de otro tipo, la sensación es la misma...la misma dolorosa sensación que tuvo el replicante Roy Batty. La pérdida de una experiencia en un tiempo que jamás volveremos a recuperar. Un verano más en la vida, un septiembre acechante, la cuenta atrás..., Medusa mirando de frente. Y seguimos aquí. Somos héroes como Perseo, durante un año más. Disfrutemos del espectáculo. :-)


NOTA: Esta entrada partcipa en la XIII edición del Carnaval de la Física, organizada en esta ocasión por el blog  Gravedad cero.

Referencias:
Wikipedia

Mitología. Todos los mitos y leyendas del mundo. Ed. Círculo de lectores. ISBN:84-672-1262-4.


Imágenes:
http://www.esacademic.com/dic.nsf/eswiki/166019
http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Giorgio_Vasari_-_Persues_and_Andromeda.jpg
http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Sidney_Hall,_Perseus_and_Caput_Medus%C3%A6,_1825.jpg
http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Perseus_Hevelius.jpg

17 comentarios:

  1. una tontería, pero al principio has puesto que el casco de Hades es de visibilidad. Te falta el prefijo ;-)

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  2. otra cosilla. ¿Qué pasó con Acrisio / Atrisio (lo tienes de diferente manera puesto)? Porque nadie dice que la profecía se cumpliese...

    Y muy buena la frase de Blade Runner

    Un saludo

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  3. Acrisio, Acrisio. Corregido. Te debo dos. Gracias :-)

    Pues la profecía se cumplió con el abuelo que murió por un disco que lanzó Perseo y se desvió, matándolo por accidente.

    http://es.wikipedia.org/wiki/Acrisio

    Gracias por todo

    saludos

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  4. Muy bueno. Es curioso que la relación mitológica entre las constelaciones de Perseo y Pegaso es un misterio en sí mismo. Hace unos años escribí algo al respecto, por si te interesa:

    http://www.astrosurf.com/aagc/gt_historia_constelaciones/pegasus.htm

    ¡Saludos!

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  5. Fabuloso post, siempre me ha encantado la mitología griega. Es de lo más imaginativa.

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  6. @Daniel: Gracias amigo. Excelente e interesante tu artículo. Hay bastante materia en todos estos temas.

    Saludos

    @yocanalso: Gracias, se intenta.

    Saludos

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  7. Me ha gustado también este artículo, dada la temática, y para variar, mi calenturienta mente ha hecho ya extrañas asociaciones, especialmente cuando has nombrado el caballo de pegaso que es cuando he visualizado la libre, liberal o fantasiosa adaptación del zodiaco con "Saint Seya" (la clasicona serie animada) donde teníamos a Pegaso, perseo, Niobe, jaja!!! Nada, pero nada que ver con la historia!

    Por cierto, pero que nombres más raros: Alceo, Heleo, Méstor, Esténelo, Electrión, y una hija llamada Gorgófone. A mi me ponen ese nombre y me pilla un trauma!

    Y para terminar, siempre se agradecen las pinceladas Blade Runner!!!

    Buen finde!

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  8. La primera vez que leo eso de "Saint Seya" :-)

    ¿Nombre raros?, bueno, porque los pobres son desconocidos, pero sí Gorgófone es para nota jajaja.

    Gracias y buen finde, amigo

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  9. Muy buen artículo, y por favor, llamémosla por su nombre correcto, Saint Seiya, que aquí hay un nostálgico xD.

    Saludoss.

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  10. ¡Bueno, los demás ya se me adelantaron! Solo puedo decirte: ¡Muchas gracias por estos artículos señor Dani!

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  11. Me chifla la mitología y la fotografía, con lo que siempre intento coger la lluvia de estrellas del 10 de agosto y ssuelo trasnochar con mi cámara para cnseguir imágenes como las que salen en el vídeo.
    Gracias a la contaminación lumínica de Murcia sólo consigo coger rinitis!!!
    ¿Nos vamos a ver una aurora boreal?
    Debe ser flipante.

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  12. Una aurora boreal como ésta:

    http://amazings.es/2010/08/03/la-aurora-boreal-de-1938/

    Saluditos

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  13. Una delicia esta serie de entradas. Y qué buenos recuerdos trae la constelación de Perseo, intentando localizarla con un mapa celeste en la noche de las perseidas.

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  14. Gracias Copépodo, veo que la nostalgia de los veranos "estelares" no es solamente mía. :-)
    Gracias por pasar. Y saludos

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  15. Compadre, hace 2 meses discutí con mi padre que las auroras boreales eran verdosas y no rojizas.
    Él afirmaba que había visto una en su infancia en Ciudad Real de color rojo y yo, tonto de mí, le dije que era un flipao...
    Vaya tela!!!

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  16. Hay que hacerle caso a los padres, jajaja

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